Capítulo 1

1615 Palabras
—¡Camz, aquí! —escucho, entre todos los murmullos, cómo me llaman por el apodo que sólo una persona usa. Suelto una enorme carcajada al ver a un rubio enano entre toda la gente, alzando los brazos como loco para poder ser visto. Empiezo a caminar más rápido entre la multitud, hasta que lo tengo en frente a mí. —¡Tu me manques, petite! (Te extrañé tanto, pequeña) —exclama mi hermano abrazándome, justo como lo hizo Théo más temprano. —Yo a ti, Titi... —murmuro—. ¿Puedes dejar de abrazarme ya? Estás más gordito, eh. —¿Qué? —grita escondiendo su rostro en sus manos—. No me digas eso, Camile Sophia. Después quién aguanta al entrenador, ¿es en serio? —cuestiona tocándose su panza. No estaba gordo, pero tengo que molestarlo por un rato. —Demasiado gordo, mírate. —¡Es tu culpa! —el rubio se voltea asustado y señala a su esposa, la misma que no había visto en mi poco tiempo detenida aquí. —Dupont, compórtate. ¡Hola, Cami! —Erica me abraza efusivamente con la pequeña Mía en brazos. —¡Eri! —respondo, abrazándola de vuelta—. Mira a mi hermosa princesa y lo mucho que se parece a su tía. Tomo sus manitas y hago caretas para que Mía soltara una risa. Adrien empieza a toser irónicamente por mi comentario, ganándose una mirada asesina de mi parte. Mi hermano se lleva mis maletas hasta el estacionamiento, mientras Erica y yo nos poníamos al día de todo. Al subirnos al coche, empezó el interrogatorio sobre que había pasado en estos meses sin visitarlos. Soy Camile Dupont, tengo veintitrés años y me gradué en Artes Escénicas de la universidad. Todo lo demás en mi vida es tan común como la de cualquier otra persona, sólo que mi hermano es futbolista y uno muy bueno. Juega en uno de los mejores equipos de Europa y ha representado a la selección francesa en varias opirtuoportunidades. Soy la tercera hija de la familia, luego de Maud y Adrien, siendo la hermana mayor de Théo. Todos somos muy unidos y nos queremos a morir. Adrien me lleva tres años de diferencia, pero siempre me ha tratado y cuidado como si fuera una bebé. —Camz, ¿dónde andas? —pregunta el francés, para sacarme de mis pensamientos. —En Roma, comiendo pizza —respondo irónicamente, rodando los ojos. —Ay, nosotras queremos ir también —Erica aclama, alzando su mano y la de Mía a la vez. —Sigues igual de fastidiosa. No has cambiado en estos cuatro meses, eh —parlotea Adrien y mentira no era. —Mamá dice que en donde está su ropa, que te va a caer a golpes cuando te vea —recuerdo riéndome, causando que el rubio abriera los ojos escandalosamente. —Joe, yo sabía que algo olvidaba. Al llegar a casa, ayudo a Adrien a bajar mis cuatro maletas y luego me adelanto para entrar junto a Erica y la pequeña.  —¿Dónde están Hooki y Narco? —busco a los perritos de mi hermano por toda la casa, pero no los encuentro. —En el patio, pero... ¡Camz, ya va! —escucho como me grita, pero dedido ignorarlo.  No espero por él, pero cuando miro a través de la cristalera, me doy cuenta de por qué debí haberle hecho caso. Mis amigos estaban en el patio, esperándome para hacerme una bienvenida. —¡Sorpresa! —¡Chicos! —chillo emocionada. —¡Hola, Cami! —Beatriz y Jorge son los primeros en venir a saludarme y a ambos los saludo con un beso en cada mejilla. —¡Felicidades por el matricidio! Jorge empieza a reírse como loco cuando me oye decir "matricidio". Ahora díganme ustedes, eso es un s******o también. También estaban Fernando y Olalla, los cuáles habían traído a los pequeños de los que fui niñera algunas veces, Nora, Leo y Elsa, los niños más tiernos del mundo.  La verdad es que fui niñera de la mayoría de los hijos de los compañeros de equipo de Adrien, porque así ganaba dinero por mi cuenta y no tenía que molestar más de la cuenta a mi hermano. También estaban Diego y Sofía, que me trajeron de regalo la nueva camiseta del Deportivo Madrid, equipo donde jugaba mi hermano. Esta ponía "Camile" en la espalda, con el número siete. —Hola —murmura Samuel, acercándose lentamente. Era el único que faltaba por darme la bienvenida y podía notar su nerviosismo. Antes de dejar Madrid hace cuatro meses, tuvimos una fuerte discusión porque le dije que su ex novia, Bianca, lo estaba usando, pero él como buen enamorado, no me quiso creer. Recuerdo gritarle que se olvidara de mi existencia hasta que abriera los ojos y pasaron tres meses sin un mensaje o llamada de su parte, ni siquiera le preguntó a alguien por mí. Hasta que se dió cuenta por si solo de que yo tenía la razón. Hace un mes, me llamó para pedirme perdón y a pesar de que mi orgullo quería sobreponerse, lo perdoné. Incluso, el volver a hablarnos, generó un poco de emoción en mí para volver a España. —Samuelito —sonrío ligeramente, porque sé que odia que lo llamé así. —Cami, por favor... —Te extrañé mucho —susurro antes de tirarme a sus brazos. La verdad es que desde el principio, lo he querido demasiado. Desde que Adrien llegó al equipo, Samuel se convirtió en uno de sus mejores amigos, por lo que cuando yo visitaba estos lares de Europa, lo veía muy a menudo.   Nuestra amistad nació cuando nos quedamos cuidando a los hijos de Fernando y mientras los pequeños dormían, nosotros hablamos por horas. Samuel es de esas personas, que solamente con su sonrisa, puede mejorar tu día. —Yo te extrañé más, Camz —responde separándose del abrazo, pero no completamente de mí. Estábamos tan cerca, que podía sentir su respiración chocar contra mi rostro. ¿Me llamó Camz? Adrien chilla desde la parrillera, haciendo que Samuel y yo nos separemos de un tirón, ahora luciendo como tomates. Volteo a ver a Dupont y en su rostro estaba posada una sonrisa maliciosa, que buen hermano me gasto yo. La tarde continuó como si nada, comimos un rico asado y estuvimos un rato en la piscina. Samu no se ha separado de mí en todo el día y la verdad es que no me quejaba. Estábamos caminando hacia la cancha de futbol, porque Adrien quería jugar al fútbol. Diego agarra el balón que estaba en la portería y me mira emocionado. —¿Jugás? —me pregunta risueño el uruguayo. —¿Cómo no? —él me tira el balón y hago algunos trucos. Digamos que soy buena jugando. —¡Voy con Camz! —grita Samuel, corriendo hacia nosotros. —Que raro, vosotros juntos —se burla Fernando, caminando hacia el pequeño campo también. Mi hermano mayor miraba la escena con el ceño fruncido y la mandíbula tensa, a veces no lograba entenderlo. Las chicas en cambio, observaban todo con sus sonrisas diabólicas, a ellas sí las entiendo. Nos dividimos en dos grupos: Adrien, Fernando y Diego eran un equipo y Samuel y yo, el otro. El tramposo de mi hermano al ver que Samu estaba inconforme porque éramos tres contra dos, soltó "Camile vale por cien, así que aguántate" El partido comienza y en la primera jugada, Samuel recupera el balón tras un tiro de Adrien que fue a los brazos del ilicitano y de una me la pasa. Controlo el balón y alzo la cabeza para descubrir a Fernando marcándome. Hago una ruleta y así lo dejo en el camino, quién chillaba "es muy buena". Suelto una risita, mientras Diego me miraba concentrado, disparo y la pelota pasa entre las piernas del uruguayo. Gol. —¡No me jodas! —grita Adrien, mirando al cielo. Corro a los brazos de Samuel, que me alza en el aire y me da varias vueltas. Las chicas y Jorge empiezan a silbar y gritar cosas, haciéndome sonrojar y esconderme en el cuello del español para que nadie se dé cuenta. —¡Mirá como la ponés! —se burla Sofía. Hoy muere una uruguaya. Samuel voltea a verme, ríe cabizbajo y luego vuelve a mirarme. Todo este lindo momento se ve destruido por Adrien, que empezó a gritar como loco, porque quería seguir jugando. A la final, el partido terminó cinco a cero, con un hat trick de mi parte, ¿ya dije que era buena? Los chicos se tuvieron que ir a sus casas, porque ya era tarde y mañana tenían doble entrenamiento, el Derbi de la ciudad era este fin de semana y su DT los quiere listos. —Camile, ¿podemos hablar? Estaba revisando i********: y al escuchar a Adrien decirme Camile, me temblaron las piernas. Nunca, nunca, me llama así. —¿Que se passe-t-il? (¿Qué pasa?) —respondo, sentándome en el sillón que estaba frente a él. —Sabes que me puedes decir todo lo que pasa y lo que sientes, ¿verdad? —Obvio —murmuro confundida—. ¿Qué pasa? —¿Te gusta Sa... Samuel? —balbucea al decir el nombre y noto su preocupación. —¿Crees que no te diría?  No se los voy a negar, me molestó su pregunta. Él me conoce mejor que nadie y sabe que algo así, se lo diría al instante. —Camz, sólo noto cómo se miran... —me explica, pasándose las manos por el cabello nervioso. Samuel y yo siempre hemos tenido esta relación algo extraña. No somos amigos, pero tampoco somos algo, nunca lo fuimos. Jamás me había puesto a pensar en tener algo con él, pero no puedo negar cierta atracción. —Camile Dupont, vuelve —me sacude, sacándome de mis pensamientos. Soy de esas personas que se van cuando piensan en algo. —No me gusta. —Camile Sophia, dime la verdad, pequeña. —No sé que siento por él —murmuro, mirando mis uñas de color amarillo. Sé que me estaba observando atentamente y cuando siento sus brazos arroparme, dejo que me abrace por un rato. —Pequeña, eso lo descubrirás y yo estaré para ayudarte en lo que necesites. Aunque recuerda... —toma una gran bocanada de aire y ya sabía que iba a decir, así que termino por él. —No enamorarse de ninguno de mis compañeros sin mi consentimiento. —Si Samuel Nuñez te hace llorar, no jugará al futbol más nunca. —¡Antoine! —lo regaño, riendo a carcajadas. El rubio sólo vuelve a abrazarme, pero esta vez sí correspondo su gesto. Tener un hermano como Antoine es lo mejor que alguien pueda tener, incluso llegar a pedir.
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