Escuchaba a la lejanía una voz llamarlo. Quería decirle que estaba bien, pero las palabras no salían de sus labios. Sentía como si su cuerpo fuera una masa sin huesos ni músculos, que no le permitían sostenerse para levantarse o siquiera abrir sus ojos, lo que lo hacía sentir desesperado, o tal vez se debía a la desesperación que escuchaba en la voz de la persona que lo llamaba. —Joon Ho, vas a lastimarlo. —Pero, mamá, no despierta. —Gian sigue vivo, deja de moverlo tanto, que lo lastimarás. Las manos que lo movían buscando que reaccionara, dejaron de hacerlo. —Será mejor que salgas —dijo Geum Hee. —No quiero, es mi esposo, me quedaré aquí. Geum Hee miró comprensiva a su hijo. Joon Ho actuaba tan diferente de cuando nació Do Jang, porque ahora sí temía perder a Gian, más allá de que

