Capítulo 9

1104 Palabras
Escuchaba a la lejanía una voz llamarlo. Quería decirle que estaba bien, pero las palabras no salían de sus labios. Sentía como si su cuerpo fuera una masa sin huesos ni músculos, que no le permitían sostenerse para levantarse o siquiera abrir sus ojos, lo que lo hacía sentir desesperado, o tal vez se debía a la desesperación que escuchaba en la voz de la persona que lo llamaba. —Joon Ho, vas a lastimarlo. —Pero, mamá, no despierta. —Gian sigue vivo, deja de moverlo tanto, que lo lastimarás. Las manos que lo movían buscando que reaccionara, dejaron de hacerlo. —Será mejor que salgas —dijo Geum Hee. —No quiero, es mi esposo, me quedaré aquí. Geum Hee miró comprensiva a su hijo. Joon Ho actuaba tan diferente de cuando nació Do Jang, porque ahora sí temía perder a Gian, más allá de quedarse solo con el bebé, sino porque tenía miedo de perder a la persona que amaba. —Joon Ho —ella llamó en voz suave —sostén a tu hija. —Mamá… —Yo cuidaré de Gian. El doncel sintió perder la calidez de la persona que lo abrazaba y poco después fue sostenido por alguien más, que no se sentía tan cálido como la persona anterior y, si hubiera podido, se habría quejado. —Mamá… —Joon Ho, sal de la alcoba. Estás alterado y eso no es bueno para tu esposo ni para tu hija. Joon Ho sintió que su madre no lo comprendía, ¿cómo quería que no estuviera alterado si su esposo yacía en su cama en peligro de muerte? Porque pudo haber pasado por esa situación en el pasado, pero no se sentía preparado ante la idea de perder a la persona que amaba. Al bajar su mirada a la bebé en sus brazos, sintió su pecho apretarse, porque si algo pasaba con Gian, no sería justo para ella, que era tan pequeña y necesitaba tanto de su papá doncel, aunque ahora ya no lloraba como cuando su madre se la entregó. —Te pareces mucho a Gian —dijo Joon Ho al ver el cabello castaño de la bebé. Sintió sus lágrimas picar en sus ojos, sin saber si eran de felicidad o temor de perder a su esposo. Gian estaba serio mientras veía a las personas a su alrededor. Quería gritarles que se fueran y lo dejaran en paz, pero sabía perfectamente que sería un gasto de energía en vano, porque ni su tía, ni Geum Hee iban a ceder a pesar de que él se negaba a casarse, incluso Joon Ho había accedido a hacerlo, ¿acaso no lo odiaba hasta tan solo días atrás? ¿Por qué había accedido a algo que no quería? Esperó que el juez que había ido hasta el hospital se diera cuenta de que él no estaba de acuerdo en eso, ¿quién se casaba en una habitación del hospital luciendo una horrible bata y sin poderse levantar de la cama? Porque sí, todos parecían tan desesperados con el tema del matrimonio, que ni siquiera le permitieron salir del hospital antes de obligarlo a casarse. Nunca había visto a su tía colaborar tanto con un tema referente a él, porque incluso ella sería una de las testigos de su boda, mientras que Geum Hee sería la otra y, el doncel creía que si faltara algún testigo, habrían pedido a un doctor o enfermera que lo fuera, porque parecían no querer darle tiempo de que él pudiera intervenir y buscar la manera de huir de ese matrimonio, lo que lo hacía sentir tan impotente. Gian se arrepentía tanto de haber ido a la casa de los Na con la idea de amedrentar a Joon Ho, porque si él no lo hubiera hecho, quizás toda esa situación se podría haber evitado. Pero él nunca imaginó que Geum Hee iba a aferrarse a la idea de que él debía de casarse con Joon Ho, o que Su Ji accedería, porque cuando él intentó decirle que no estaba de acuerdo, ella había justificado el hecho de apoyar ese matrimonio con un “no dejaré que ningún doncel deshonre a la familia”. Una frase que no le creyó, ya que desde que tuvo que volverse su tutor, su tía estaba buscando la manera de deshacerse de él y pasarle la responsabilidad a alguien más. Ya que estaba siendo obligado a convertirse en el esposo de la persona que más lo había lastimado, Gian se prometió que se encargaría de que Su Ji no viera nada de la herencia de sus padres. Esa sería su dulce venganza de ella por ser obligado a casarse en contra de su voluntad. Con respecto a Geum Hee y a Joon Ho, ya encontraría la manera de mantenerlos alejados de sí mismo. —Debe firmar aquí. Gian miró las hojas que fueron colocadas delante de él y observó al juez, que parecía tan ajeno a su situación. Tomó el bolígrafo y lo apretó con fuerza antes de firmar. Si la situación hubiera sido un poco diferente, habría disfrutado de la expresión de disgusto que había en el rostro de Joon Ho, porque después de todo, los dos fueron obligados a ese matrimonio. A diferencia de él, que vestía la bata del hospital y su rostro fue maquillado por su tía, ocultando los golpes que ya empezaban a sanar, Joon Ho lucía un traje n***o, estaba peinado pulcramente hasta el punto de casi parecerle atractivo, pero cada vez que recordaba todo lo que le hizo, su belleza no fue suficiente para olvidar sus actos. Na no se demoró al firmar, aunque Gian creía que nada cambiaría si lo hiciera, después de todo, el juez ya había sido sobornado por su tía para acceder a esa boda tan prematuramente, porque en algo ella parecía tener razón, y era que el dinero hacía milagros, como cuando él encontrara un buen abogado y la despojara de cada centavo que sus padres le dejaron, después de todo, había incumplido la condición que sus padres dejaron, porque no había cuidado de él y, con respecto al doncel, incumplió la de no interferir en su vida. Gian quiso sonreír cuando el juez los declaró a él y Joon Ho, esposos, porque no solo iba a hacer sufrir a Su Ji, sino también a Na. El doncel les había prometido a sus padres en su lecho de muerte que iba a ser fuerte y, en todo ese tiempo creyó que lo estaba siendo mientras era sumiso, pero tal vez las cosas debían de ser un poco, o muy diferentes.
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