13 Nora No sé qué demonio me ha incitado a decir eso y contengo la respiración a la espera de que Julian se ría de mí y se niegue. Nunca le ha entusiasmado contarme mucho acerca de sus negocios y, aunque se ha abierto a mí desde su regreso, me da la impresión de que sigue tratando de protegerme contra las partes más desagradables de su mundo. Para mi sorpresa, no se niega ni se burla de mí de ninguna manera. En su lugar, me tiende la mano. —Muy bien, mi gatita —dice con una sonrisa enigmática—. Si quieres saberlo, acompáñame. Tengo que hacer unas llamadas. Con el corazón acelerado, pongo mi mano sobre la suya con indecisión y dejo que me guíe escaleras abajo. Al caminar hacia el pequeño edificio que le sirve de despacho, no puedo evitar preguntarme si estaré cometiendo un error. ¿Esto

