12 Julian A la mañana siguiente me despierto cuando la luz del sol me acaricia la cara. Anoche dejé las cortinas abiertas a propósito porque quería comenzar temprano el día. La luz causa más efecto en mí que cualquier alarma y es mucho menos molesta para Nora, que duerme sobre mi pecho. Durante algunos minutos, permanezco tumbado, deleitándome con el tacto de su piel tibia contra la mía, con su suave respiración y con la forma en que sus largas pestañas reposan como oscuras medias lunas sobre sus mejillas. Nunca había querido dormir con una mujer, nunca había visto el atractivo de compartir cama con otra persona para algo más que para follar. Solo al raptar a mi cautiva comprendí el placer de quedarme dormido abrazado a su cuerpecito sedoso, de sentirla a mi lado toda la noche. Suspiro

