Rosella sintió como si le dieran un golpe directo en el pecho. Todo lo que había estado construyendo en su mente sobre los esfuerzos de Esteban, toda la esperanza que había comenzado a albergar, se desmoronó en ese momento. Mientras escuchaba el tono suave, casi suplicante de Alberta, se sintió como una intrusa, como si fuera una sombra en la vida de Esteban, una que él había hecho desaparecer momentáneamente, pero que siempre había estado ahí, esperando el momento adecuado para resurgir. Esteban parecía incómodo. Rosella observó cómo su rostro se tornaba serio, cómo su mirada se desvió hacia ella por un segundo antes de volver a enfocarse en el teléfono. —Alberta, ya hablamos de esto... —respondió Esteban con voz grave, pero contenida. —Lo que ocurrió entre nosotros... quedó en el pa

