Los días pasaron en una extraña rutina que parecía haberse establecido entre Esteban y Rosella. La distancia emocional seguía ahí, palpable, pero él no dejaba de hacer esfuerzos por acercarse a ella de una manera que Rosella no terminaba de entender. Primero fue que se iba una hora antes de la hora de almuerzo al apartamento, para prepararles comidas sanas, lasaña vegetariana, ensaladas frescas, platos elaborados con una dedicación que rozaba en lo excesivo y que nunca creyó que el fuera capaz de elaborar. Pero eso no había llegado solo, junto aparecieron las flores, y es que Esteban aparecía por la mañana con un ramo tras otro, siempre frescos, siempre perfectamente elegidos. Rosella comenzaba a verlos como un recordatorio constante de lo que él intentaba hacer por ella, y la incomodid

