Por fin era fin de semana y podía descansar un poco más. Sábado por la mañana el piso estaba en silencio. Steven seguro había dormido fuera o llegado de madrugada. Shanaya estuvo festejando con sus amigos y llegó tarde también. Miré el móvil. Eran las once. Cerré los ojos otra vez. Volví a coger el móvil. Abrí el mensaje de Joshua y la leí, de nuevo. Bloqueé el teléfono y me giré para el otro lado. No quería pensar en él, pero de todo lo que había sido su primera semana en aquella ciudad, él estaba presente en gran parte de ella o mejor diciendo, en la parte más loca de ella. Escuché unos toques en la puerta. —Puede pasar —dije en buen sonido. Shanaya asomó la cabeza dentro de la puerta. —¿Ya estás despierta? Voy a preparar un té con tostadas. ¿Te apetece y charlamos un poco de tu sem

