—¡Ella! Es que estás en todos los medios—dijo Adrian, arrojando un cojín en mi cara, cerré los ojos mientras soltaba una carcajada, era domingo en la mañana y él había venido temprano a mi casa. —Sin comentarios—dije, mostrándole la lengua, él se puso de pie y yo salté del sofá, pero antes de que poder escapar ya él me sujetaba de un brazo hasta devolverme a su sitio, reíamos como locos mientras él dejaba sus manos en mis costados, haciéndome cosquillas y yo no dejaba de patalear sin cesar. —¡Voy a hacer pis! ¡Para, para! ¡Adrian! —grité, ya con las lágrimas fuera de tanto reír, él se detuvo y volvió a su sitio, amenazándome con arrojarme otro cojín si no le contaba. —Vamos… habla. Algo ha pasado para que pasen estas cosas una detrás de otra. Primero dice que están intentando recupera

