Su mano recorre mi abdomen con suavidad, con ternura. Miro sus ojos azules y me pierdo durante lo que parece una eternidad. La ternura impresa en ellos me llena de calidez el alma. -Sin duda es el mejor cumpleaños- murmuro, acariciando su cabello. Hoy cumplo dieciocho años, nuestro pase fuera de la ilegalidad. Estamos acostados, sudados y agitados. Llevamos horas encerrados en este cuarto del hotel, en nuestro cuarto de siempre. Una sonrisa se dibuja en sus labios, hinchados producto de tantos besos, de tantos juegos. -Espera aquí...- dice, contento. Se levanta y camina hasta el sofá para rebuscar entre los bolsillos de su saco. Me permito apreciar la belleza de su cuerpo desnudo, y la forma en que sus músculos se mueven bajo la piel cuando camina. Vuelve, trayendo consigo una peque

