-Ellos me amenazaron, Levi ¡Por Dios!- le grito. La furia se apodera de mi y me muevo por la habitación, de un lado a otro. Levi está sentado en el borde de la cama, con su rostro escondido bajo las palmas de sus manos. No me mira ni emite palabra alguna. -¿En serio te vas a hacer a un lado?- pregunto, más calmada. Herida por su silencio. Los ojos se me llenan de lágrimas y trago saliva con dureza. Me duele, me duele mucho. Me tiembla el mentón cuando intento volver a hablar. Me doy cuenta entonces de que soy una niña asustada, de que fui una niña ingenua al creer que Levi me quería más que a sus propios intereses. Parada en medio de la habitación de un hotel, con las lágrimas recorriendo mi rostro, miro a Levi esperando un ápice de valentía de su parte. Nada. Acaricio con suavidad e

