Abro los ojos y parpadeo varias veces para aliviar el escozor. Me siento mareada, sudorosa y mi cuerpo está tenso, adolorido y acalambrado. —¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy amarrada? —¡Hasta qué por fin despiertas, mi amor! —Siento náuseas cuando Roy se me acerca, su aliento chocando en mi nariz, me provoca deseos de vomitar. «Necesito que se aleje». —¿Por qué haces esto, Roy? —Porque eres una maldita zorra. Ustedes las mujeres son de lo peor, rechazan a un buen hombre por su condición económica, mas a un patán como Nikanor Zervas, le abren las piernas y hasta le quedan preñadas. Así mismo pasó con el maldito de Roy. El tío siempre supo que me gustabas, que yo temía hablarte cuando te veía porque me aterraba que rechazaras a un huérfano como yo. ¿Sabías que a Roy no le importabas? Él sol

