Mi cuerpo se tambalea debido a la exaltación, por lo que me alejo de Roy tratando de no caerme. —¿Ninguno responderá? —Los ojos de Nikanor nos examina con recelo, frialdad y algo más que no logro descifrar. No me gusta esa mirada gélida y calculadora, como tampoco ver sus puños apretados. —¡Qué va a interrumpir, maestro! Roy me está contando los avances del jardín y que pronto estará listo. Como ya sabe, Roy es un asalariado que pronto se irá, puesto que su trabajo aquí está terminando. —Hablo con toda la naturalidad que pueda fingir —y que espero me esté resultando—, aunque en realidad, me estoy muriendo del susto por dentro. Roy no dice nada, Nikanor tampoco. Ambos se miran con fiereza, desafío y rivalidad, y ninguno da su brazo a torcer en la guerra de miradas. —Adelaida, no me habí

