Acaricio el cabello lacio de Nikanor mientras admiro lo lindo que se ve dormido. «Él siempre se ve lindo». Beso su mejilla con cuidado de no despertarlo, aunque si soy sincera, ya quiero que lo haga. ¿Cómo es posible que me sienta tan adicta a él? ¿Cómo es que el simple hecho de escuchar su voz me parece tan excitante? —Buenos días... —susurra él, abriendo esos ojos tan exóticos e hipnotizantes que tanto me gustan—. ¿Cómo te sientes? —pregunta mientras me examina con la mirada, percatándose de que esté bien. —No podría estar mejor. —Sonrío con coquetería, contagiándolo a él. —Estuviste fascinante anoche, amada esposa. Ya me has hecho prisionero a las delicias que tu amor me brinda. —Uy, tu labia nunca puede faltar —pellizco sus mejillas—. No sabía que eso se disfrutara tanto. —¿A

