Capítulo 50

1813 Palabras

Pongo la toalla mojada sobre la frente del amo, con manos temblorosas y sin poder evitar derramar esas lágrimas, que había retenido el poco tiempo que él estuvo despierto; puesto que la idea es transmitirle ánimo y fuerza, no que me vea chillar como a una Magdalena. Nikanor, mi amor. Beso su frente caliente y mis lágrimas mojan su rostro. Es tan frustrante verlo en ese estado y no poder hacer nada más, que tratar que la fiebre no le suba mucho y medicarlo; según el doctor, es lo único que se puede hacer por él.  Después de limpiar mis lágrimas, tomo el agua que una vez estuvo fría para cambiarla. —Voy a preparar un caldo al amo y un jugo de frutas para cuando despierte; si la fiebre le sube me avisan de una vez —doy instrucciones a mis mucamas. Sé que debería dejar la tarea del caldo a

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