Observo cómo los árboles se mueven a través de la ventana y dejo que mis lágrimas recorran libres mis mejillas. Me duele dejar a Nikanor, pese a todo lo que descubrí de él, sería una hipócrita si dijera lo contrario. Sí, lo amo. No al Nikanor que acabo de descubrir, amo al Nikanor que creí que existía, ese que me dio tanto amor. ¿Cómo puede un monstruo ser tan dulce? Limpio mis lágrimas y saco otra rosquilla, la ansiedad ha hecho que me coma una bolsa completa y la otra ya va por la mitad. Observo a Ana quien se ha quedado dormida al igual que el tal Steven. Roy, en cambio, está leyendo un libro. Me doy un susto cuando dirijo la mirada a Lidia y me encuentro con esos ojazos verdes escudriñándome con el ceño fruncido. Y esta ¿qué? —¿Quieres? —Levanto la bolsa de rosquillas, pero ella ni

