Camino con ansias y nerviosismo en dirección al patio. ¿Qué es lo que el joven maestro me ha traído que requiere estar aquí? La curiosidad es insoportable, ni siquiera puedo imaginar el dichoso regalo. Todas las chicas nos han seguido de forma disimulada, la envidia se les nota a legua. —Bien, llegamos —dice el amo, una vez se detiene frente a una jaula grande llena de lechugas. ¿Me va a encerrar ahí? Tiemblo ante el recuerdo de cuando uno de los amos que tuve en el pasado, se divertía encerrándome en una jaula completamente desnuda, para luego observarme y tocarse. —¿No te gusta? —Salgo de esos recuerdos espantada y encaro al amo, quien se muestra decepcionado. —¿Para qué quiero una jaula? —mascullo entre dientes mientras me abrazo a mí misma. Es triste que el joven amo se divierta a

