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1601 Palabras

Evans me llevaba a mi residencia, faltaba unas cuadras para llegar a la universidad, habíamos pasado por una farmacia por una crema antigolpes, me la eché en el rostro casi esperando que hiciera efecto enseguida. Escuchaba un chiste que me contaba Evans para elevarme el ánimo cuando miré por la ventana y la tranquilidad que sentía se evaporó de repente. —¡Detente!, detente —casi grité. Él frenó el auto orillándose a un costado de la calle, observé como sacaba el arma rápidamente de la guantera, pero mis ojos estaban en Adams, salía de un edificio de mala muerte cargando unas cajas hacia su auto donde estaba la mujer rubia que reconocí como la borracha que estaba el día que audicioné cuando fui a buscar trabajo a Tregua City. Adams le dio las cajas a la mujer y ella se montó en su auto p

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