El ascensor se detuvo y Adonis se separó de mí dejándome completamente desestabilizada, tuve que aguantarme del barandal de la pared para no caerme al sentir mis piernas débiles. Recuerda que estas aquí por una misión secreta, estúpida. Las puertas se abrieron anunciando que habíamos llegado al PH, lo primero que observé fue una sala con muebles de cuero n***o, un enorme televisor colgando de la pared y una pequeña pantalla que reflejaba una chimenea con fuego encendido, casi parecía real. —Ven, puedes pasar —dijo Adonis entrando a su apartamento—, ¿quieres un poco de agua, vino o... algo? Entré observando alrededor los candelabros colgar del techo, el piso reluciente, todo malditamente caro. Ya lograba comprender por qué a Adonis casi no le gustaba ir a la fraternidad. —Si tienes, me

