Capítulo 17

1032 Palabras
Ernesto se incorporó y cuando había conseguido ponerse en pie, ella ya se había marchado. Estaba en la barra peleándose por ser la primera en pedir. La gente que esperaba le decía "A la cola que hay coca cola" pero ella le traía sin cuidado y se había ya puesto en primer lugar, a base de codazos y puñetazos. Ernesto llegó hasta la barra. Un camarero que parecía que se había olvidado la ropa en casa, les preguntó que iban a beber. - Cuatro tequilas, dijo Charlotte. Y en vasos de los grandes. Ernesto miró hacia atrás. - ¿A quien esperas Charlotte? - A nadie, los tequilas son para nosotros. Ernesto la miró asustado, no iba a ser capaz de bebérselos pero antes de que le diera tiempo a decir algo, ya le estaba abriendo ella la boca de par en par para echárselos. - ¡Uno, otro... y ahora el limón! ¡Los he visto más rápidos eh! A Ernesto se le arrugó la cara como una pasa por el efecto del limón. - Paga la cuenta chico que nos vamos a bailar ¡No me seas lento! Comenzó Ernesto a rebuscarse en los bolsillos del pantalón. - ¡Venga! ¡Los he visto más rápidos eh! Gritó Charlotte moviendo el culo al ritmo de la música. - Será japuta, masculló Ernesto. Sacó de los bolsillos una moneda de diez céntimos... Charlotte se aproximó a él hecho un erizo: - ¿No te da vergüenza salir un sábado por la noche con una moneda de diez céntimos? ¿No tienes vergüenza o qué? Ni para los cubitos de hielo te da ¡Eres un miserias! Ernesto siguió rebuscando sin suerte. Sacó el Flyers que le habían dado en la calle, cuando iban en dirección a la discoteca Daniel y él. Charlotte lo cogió entre las manos, lo observó y se puso pálida. Se lo metió en el sujetador, bajándose la camiseta y enseñando media teta. Ernesto disimuló buscando de nuevo en los bolsillos porque no quería ver más teta. Si ella seguía así, le daría en breve la chocho fobia. - Chico déjalo, pago yo. Me estás cansando ya y no tengo toda la noche. Ernesto le dio las gracias por ser tan considerada con él. Charlotte le pagó al camarero y se dio la vuelta mirando fijamente a los ojos a Ernesto: - Me debes diez euros de los cuatro tequilas. Si bebes pagas... Ernesto asintió y le pidió pagárselos cómodamente a plazos. Charlotte le dio tres plazos como máximo sin intereses y tiró de él hacia la pista. Comenzaron a bailar cada uno a su bola. - ¡Voy al baño! Grito Charlotte al oído de Ernesto. - ¿Que? ¿Cómo? - ¡Que estás más sordo que una tapia! le contestó ella. Y se fue dejando a Ernesto solo en la pista mientras él intentaba traducir lo que le había dicho ella. El chico carnívoro comenzó a acercarse poco a poco a Ernesto por alrededor de la pista. Estaba al acecho. Se frotaba la manos porque había visto una presa de buena calidad a la que atacar. Ernesto le vio por el rabillo del ojo y comenzó a ponerse nervioso. El chico carnívoro le guiñó el ojo repetidas veces. Tiene un tic nervioso en el ojo, pensó Ernesto. Se dio cuenta que se había quedado solo en la pista, no conocía a nadie. Un chico que había a su lado le dio un vaso vacío, pensando que Ernesto era el recoge vasos de la discoteca. Ya no sabia que hacer ni a donde mirar. No quería recoger más vasos. Eran todo grupos de amigos. Él era el colgado de la pista, pronto se darían cuenta y comenzarían todos a mirarle con cara de pena. Tenía que hacer algo, no podía seguir allí. Buscó a Charlotte con la mirada pero nada, ni rastro de ella, la tierra se había tragado su culo. - Ésta me ha sacado los tequilas y se ha pirado, pensó furioso Ernesto. Miró hacia la Sala VIP y observó a los amigos del Príncipe que no se habían movido del mismo lugar pero él aún seguía sin aparecer. Ernesto pensó que seguiría aún en la parte trasera de la Sala, observando a la gente que se agolpaba a la entrada de la discoteca. Parecía que el Príncipe prefería mirar allí, a hacerlo a la pista. Ernesto decidió salir de la pista de baile, sentía que era el centro de todas las miradas. - ¿Dónde se habrá metido la culogordo esta? Miró hacía todos los lados pero ni rastro de ella. Ya no sabía a donde mirar. Decidió esperar un poco más. Pero Charlotte no daba señales de vida. - Cómo se haya ido a casa, la rajo. Entonces cayó en la cuenta que no tenía su número de teléfono, no se lo habían intercambiado ¡Dios qué fallo! No se lo perdonaría jamás. Buscó a sus amigos con la mirada, no recordaba bien las caras de ellos pero sabía que si los veía por allí, los reconocería en el momento. Sintió unos golpecitos en la espalda. Giró la cabeza y ahí estaba él: el chico carnívoro. - ¿Hola, cómo te llamas? ¿Eres de Madrid? ¿Cuántos años tienes? ¿Tienes novio? Ernesto sintió que se iba a desmayar con tanta pregunta. - Perdona me tengo que marchar a buscar a una amiga, le dijo Ernesto educadamente para quitárselo de encima, por no escupirle a la cara. No oyó la respuesta del chico carnívoro. Comenzó a andar y notó que lo llevaba a sus espaldas cómo si fuera una mochila. - ¡¡Deja ya de seguirme!! le gritó Ernesto de tal forma que pensó que le había oído toda la discoteca. El chico carnívoro se quedó paralizado en el acto como una estatua: - Te quería decir que sé donde está tú amiga... - ¿Cómo? ¿Y tu cómo sabes quien es mi amiga? - Porque es amiga mía también, ha venido conmigo y otros amigos más de la pandilla. ¡Es la famosísima Charlotte!. Ernesto se quedó mudo, la había anunciado cómo si fuera una estrella de cine.
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