- Ah perdona no sabía que Charlotte es una estrella de cine... ¿Y se puede saber donde se ha metido? Llevo ya un buen rato buscándola y la tierra se ha tragado su culo.
El chico carnívoro pidió a Ernesto que le siguiera y comenzó a abrirse paso entre la gente con Ernesto a sus espaldas.
Llegaron hasta la zona del jardín donde había numerosas mesas con sillas.
Estaban prácticamente vacías excepto dos en las que había sentadas dos parejas, una en cada mesa.
- Mira hacía allá. Arriba la tienes, dijo el chico carnívoro mientras señalaba con la mano hacía la Sala VIP.
Ernesto se frotó los ojos porque no daba crédito a lo que estaba viendo.
Charlotte estaba arriba en la Sala VIP con los amigos del Príncipe y encima era el centro de atención porque estaban todos dando vueltas alrededor de ella. Gritaban y elevaban las manos con las copas al ritmo de la música. Ella bailaba enloquecida, se le veía encantada de ser la reina de la noche.
Ernesto estaba en medio de la pista, llorando como una magdalena y con las manos llenas de vasos.
Decidió salir de la pista de baile.
Estaba rojo como un tomate.
Se dirigió a la barra a dejar todos los vasos.
Pidió un Red Bull al camarero. Había perdido ya la cuenta de los Red Bull que había bebido.
Mientras se lo servía, miró de nuevo hacía la Sala VIP.
Observó que ahora estaban todos juntos.
Habían formado un corro alrededor de Charlotte que bailaba con las dos manos subidas y dando saltos como si estuviera en una colchoneta.
Todos menos el Príncipe.
Se había separado del grupo y hablaba con un guardaespaldas al que le decía algo al oído. El guardaespaldas asentía mecánicamente como un robot y se marchaba asintiendo con la cabeza.
El Príncipe regresó con sus amigos que le rodearon formando un corro.
En medio quedaron Charlotte y el Príncipe que bailaban mientras el resto danzaba alrededor de ellos.
Ernesto lo estaba viendo todo desde la barra con lágrimas en la cara.
No podía creer que Daniel estuviera ahí arriba con toda la gente de postín y él abajo desapercibido creyendo la gente que era un recoge vasos.
Se sintió tan humillado... él siempre que había sido el líder, el que destacaba... no podía creer que esa noche fuera invisible para los demás.
No entendía nada.
Ahora comprendía su angustia: provenía del rechazo que sentía de los demás. Siempre se había sentido un incomprendido, especialmente desde que hizo pública su transexualidad.
Un chico que había al lado de él esperando su turno para pedir, se sacó un Kleenex del bolsillo y se lo entregó apenado.
Ernesto se secó las lágrimas y empezó a dar sorbos de la bebida:
- Ojalá me dé alas y pueda volar hasta la Sala VIP.
Ernesto cayó en la cuenta que aún no se había comido una rosca en toda la noche. Era la primera vez que le pasaba. Quitando al chico carnívoro, nadie había mostrado ningún interés hacía él.
Pensó que lo mejor era regresar a casa sin que nadie se diera cuenta.
Estaba claro que esa noche no era la suya y que ahí ya no pintaba nada.
Se bebió el Red Bull de un golpe y se dio la vuelta.
Frente a él tenía dos guardaespaldas que eran dos armarios cuatro por cuatro, mirándole fijamente a los ojos.
Ernesto se quedó también inmóvil sin saber qué hacer.
Miró hacía atrás y vio al camarero que también estaba inmóvil, todo el mundo se había quedado inmovilizado.
- ¡Es a ti chaval a quien miramos!
Ernesto sacó las manos para que lo esposaran pensando que venían a detenerle.
- ¿Qué haces? le preguntó un guardaespaldas que solo le faltó escupirle a Ernesto en la cara. ¿Para qué pones las manos así tontín?
A Ernesto comenzaron a temblarle las piernas.
Se hizo un pis.
No quería que ellos se lo notaran porque sino le daría mucha vergüenza.
- ¿Qué tienes un tembleque de piernas? le preguntó el otro guardaespaldas.
Ernesto decía que sí con la cabeza bajándola y subiéndola sin parar.
- ¡¡Quieres parar ya!! le gritó el guardaespaldas.
Ernesto se detuvo.
- Tenemos un mensaje para ti.
- ¿Para mí? ¿Seguro?
- Si, para ti. ¡Estás más sordo que una tapia!
Ernesto puso los ojos en blanco.
- Estamos esperando a que venga alguien que tiene que decirte una cosa...
Ernesto no entendía nada.
La gente se agolpaba alrededor mirándole fijamente.
Tres chicos comenzaron a aplaudirle.
Otros le tiraron monedas de diez céntimos esperando a que Ernesto comenzara a actuar.
- ¡Que empiece ya, que el público se va! Gritaban una y otra vez.
Ernesto les pidió calma y que se callaran de una vez pero provocó el efecto contrario: le tiraban más monedas.
- Ya viene de camino a quien esperamos, le dijo el guardaespaldas.
Ernesto se puso de puntillas para ver de quién se trataba pero le era imposible porque le llegaba por la cintura a los guardaespaldas y solo veía la hebilla de sus cinturones.
- Que bonitos cinturones, pensó Ernesto.
Él guardaespaldas se apartó y apareció un chico.
Ernesto lo reconoció enseguida.
Era el chico que les había dado los Flyers a él y a Daniel cuando iban camino de la discoteca.
- Por fin te encuentro ¿Dónde te habías metido? le recriminó a Ernesto cómo si fuera su hijo pequeño.
- Aquí estoy toda la noche...
- No me seas listillo ¡eh!. Comenzó a zarandearlo.
Ernesto bajó la cabeza avergonzado, no sabía porque le estaba echando ese puro delante de toda la discoteca.
La gente comenzó a aplaudir de nuevo y a tirarle monedas de un céntimo y de dos, el caché había bajado, ya no eran de diez céntimos.
- Tu eres el que me faltabas pillín, ahora te recuerdo, ibas con otro chico que está ya arriba.
- Si Daniel, éramos muy amigos.
- ¿Eráis? Si te estoy hablando de hace dos horas...
- Nos hemos enfadado esta noche aquí en la discoteca, no quiero saber nada de él.
El chico y los guardaespaldas se miraron extrañados.
- Te toca a ti subir a la Sala VIP, eres el único que falta, a todos a los que les entregué la entrada VIP, están ya arriba.
✨✨✨✨