Ernesto miró hacía arriba y observó que Charlotte perreaba con el culo contra el cristal porque no tenía con quien hacerlo.
Ernesto dio un paso al frente.
- De acuerdo voy con vosotros.
- ¡Eh, para el carro! Solo puedes entrar con tu entrada VIP que te di en la calle.
- ¡Ah si! Perdón, la tengo aquí.
Ernesto comenzó a buscar por entre los bolsillos de la chaqueta y del pantalón.
- ¿Es para hoy o para mañana? le dijo el chico.
- No puede ser, la tenía por aquí... la tengo que haber perdido.
Comenzó a mirar por el suelo pero no la veía.
- Se siente... ¡Mala suerte chico!
El chico y los guardaespaldas se dieron la vuelta dejando a Ernesto allí plantado en medio de la pista y apunto de ponerse a llorar de nuevo.
Cómo deseaba estar allí arriba y conocer al Príncipe aunque se tuviera que tragar a Daniel pero le hubiera dado igual.
Miró hacía la Sala VIP y vio que Charlotte estaba pegada al cristal mirando a Ernesto y en la mano llevaba algo que zarandeaba para todos los lados a mucha velocidad.
A Ernesto le costó reconocer que era aquello que mostraba pero enseguida cayó en la cuenta: era su Flyers que se lo había robado.
- Sera japutaaaaaaa cómo la pille le pongo una bomba en el culo.
Ernesto comenzó a correr en busca del chico y los dos guardaespaldas.
- ¡Eh esperad! ¡Eh! ¡Sordos! les gritaba.
Alguien le puso la zancadilla a Ernesto y casi cayó de bruces al suelo.
Ernesto le miró y enseguida le reconoció, era el chico carnívoro que le sacaba un dedo en la mano diciéndole que se jodiera.
Ernesto continuó corriendo.
Llegó hasta ellos.
Le dio al chico unos golpecitos en la espalda.
Se giró hacía Ernesto:
- ¿Quién eres? No te conozco, le dijo.
- Pero si acabamos de hablar... amnésico.
- ¡Ah si! Por eso me sonaba tú cara, en qué te puedo ayudar.
Ernesto pensó ¡Madre mía tiene memoria de pez!
- Mi Flyers me lo han robado...
- ¡No me seas liante eh!
- ¡Qué es verdad! ¡Te lo juro! Nunca mentiría en algo así.
- A ver explícate o le digo a los guardaespaldas que te aticen ya, elige.
La gente comenzó a rodear de nuevo a Ernesto que gritaba una y otra vez:
- ¡Campeón! ¡Campeón!
A Ernesto en su vida le habían vitoreado así. Estaba pletórico de tener ya un club de fans. Tendría que invitarles que menos que a un chupito cómo agradecimiento.
Ernesto miró hacía la Sala VIP:
- Aquella de allá, dijo señalando con la mano.
- ¿La que tiene seis culos en uno?
- Esa misma y que es más mala que un dolor.
- Si, la verdad que tiene toda la pinta con esa cara tan mustia. Tiene la cara agria cómo un limón.
- Pues que me ha robado mi Flyers sin que me de yo cuenta. Ha sido hace un rato cuando he ido a buscarme algo en los bolsillos y al sacar todo lo que llevaba, ella me lo ha birlado sin percatarme. Después ha desaparecido y he estado venga buscarla por toda la discoteca hasta que la he visto allá arriba bailando con los amigos del Príncipe.
- No son amigos del Príncipe...
- ¿Cómo? ¿No te entiendo?
- ¿En qué idioma quieres que te lo diga en francés, en inglés o en alemán?
- Hijo en español, no sé ninguno de esos idiomas.
- ¡Ah perdona! Está bien, no lo sabía. Te decía que no son amigos del Príncipe sino que son gente a la que yo les he regalado un Flyers con entrada gratuita y una copa en la Sala VIP para estar junto con él. Por eso te estaba pidiendo tu entrada, para que tú también pudieras subir, porque recuerdo que te di una y eres el único que falta por hacerlo.
- No sabía que ese Flyers era para eso sino me hubiera traído una caja fuerte para guardarlo.
- El Príncipe está mas solo que la una y por eso hemos regalado esos Flyers, para que los agraciados hagan bulto ahí arriba.
- Pues ella me ha quitado el mío.
Ernesto miró de nuevo hacía arriba y vio como Charlotte le mostraba de nuevo el Flyers y le sacaba la lengua.
- Por eso, ella a mí no me sonaba pero cómo tengo tan mala memoria... Pero para quedarme tranquilo, porque lo prioritario es la seguridad del Príncipe, le he pedido a un guardaespaldas que la identificara y ella ha dicho que no era necesario porque estaba emparentada con la Casa Real del Príncipe. Nosotros le hemos dicho que entonces no era necesario que se identificara y le hemos pedido mil perdones.
- Pues os ha metido un gol...
- ¿No me digas que es futbolista?
- ¡Qué os ha engañado! Qué es la Charlotte a secas, sin casa real y casi sin casa.
- Mira que no darnos cuenta, qué difícil nos lo ha puesto, es una tía muy lista.
- Yo debería estar allí arriba y ella aquí abajo. Ese Flyers es mío.
El chico miró a los guardaespaldas sin saber qué hacer.
- Danos un minuto.
Ernesto asintió y vio como el chico y los dos guardaespaldas hacían un corro los tres para debatir qué hacer.
Al minuto en punto se deshizo el corro.
- Hemos tomado una decisión por unanimidad.
- ¿Cuál? Estoy impaciente.
- El veredicto es el siguiente: cómo no nos parece justo lo que te ha pasado porque has sido víctima de un robo, hemos decidido que vas a subir tú también a la Sala VIP con ellos en igualdad de condiciones.
Ernesto comenzó a brincar loco de alegría.
El chico y los guardaespaldas comenzaron a abrirse paso entre la gente en dirección hacía la Sala VIP.
Ernesto les seguía sacando pecho.
✨✨✨✨