Charlotte se dio la vuelta y puso los ojos cómo platos.
Ernesto estaba fregando vasos con un delantal puesto y el camarero bebía tapones.
Charlotte se aproximó y dio un golpe tan fuerte en la barra que varios vasos cayeron al suelo y otros tantos salieron volando por los aires.
- ¿Pero qué está pasando aquí esta noche? ¿Se puede saber que haces tú ahí fregando vasos cómo si fueras un lavajillas y este aquí bebiendo tapones tan fresco?
Ernesto comenzó a temblar como un flan.
El camarero saltó:
- Es que no lleva dinero para pagar las copas que se ha bebido y se ha puesto a fregar para saldar su deuda. No se me ha ocurrido mejor solución...
- Pero ¿Y el Príncipe? Si iba a pagar él...
El camarero comenzó a reír a carcajadas:
- ¿Ese? Si es lo más tacaño que he visto en mi vida... solo le ha invitado a cinco copas y el resto las tiene que pagar Ernesto, o sea diez en total a pagar porque este bebe por toda la discoteca y cómo no lleva dinero se ha puesto a fregar. Este, no termina ni de aquí a mañana, le toca trabajar también en el after.
Charlotte se quedó pensativa, tenía que hacer algo rápido para ayudarle. Ernesto tenía ya las manos rojos de tanto friegue.
Paseó la mirada por toda la Sala VIP que estaba llena de cabezas que no podían ni bailar de lo pegados que estaban unos con otros.
De pronto vio una presa fácil.
Comenzó a andar a paso avanzado. La gente se ladeaba cayendo al suelo para dejarla pasar.
Él la estaba viendo venir de frente.
Daniel empezó a temblar porque Charlotte podía llegar a ser muy peligrosa cuando se le cruzaban los cables. Si había que poner una bomba, la ponía ella la primera y la explotaba la segunda.
- ¡Tú! ¡Te necesito! le gritó Charlotte poniéndole el dedo en el pecho.
- ¿A mí? ¿Para qué?, logró decir Daniel tartamudeando muerto de miedo.
- Tienes que venir a ayudar a Ernesto a fregar, entre los dos lo haréis más rápido y podremos irnos de esta mierda de discoteca cuánto antes. Yo os marcaré el ritmo para que no os entretengáis.
Daniel se quedó mudo.
Quería seguir bailando, estaba sonando su canción preferida.
- ¡A fregarrrrrrrrrr! le gritó hasta quedarse afónica Charlotte.
La gente paró en seco de bailar y se ofrecieron varios voluntarios para ayudar a Ernesto.
- ¡Continuad bailando! ¡Esto no es una ONG!
Charlotte agarró a Daniel de la pechera y lo arrastró hasta la barra.
La gente agarraba a Daniel para ayudarle a librarse de ella pero no había nada qué hacer porque Charlotte tenía más fuerza que toda la discoteca entera.
Llegaron a la barra y Ernesto ni levantó la cabeza, no se percató de la presencia de Daniel.
- Es que no nos hablamos... le dijo Daniel a Charlotte a modo de excusa para librarse de fregar.
Charlotte se le quedó mirando y le dio un cabezazo.
- ¿Estás tonto o qué? Aquí has venido a fregar y no a hablar con él, ya tendréis tiempo de hacerlo cuando hayáis finalizado todo el friegue. ¡Rápido! ¡Y échale Mistol suficiente que haga pompas! Me tienes que llevar a casa y no quiero llegar tarde porque mis padres me castigarán sin salir de mi cuarto.
Daniel rodeó la barra del bar y se puso junto a Ernesto qué levanto la cabeza:
- Perdóname Dani por lo que te hice antes de entrar a la disco, de verdad estoy muy arrepentido... no quise ser cruel contigo.
Daniel no sabía si creerle o no.
- Eso lo dices pillín para que friegue más rápido.
Ernesto le pasó un estropajo y le guiñó un ojo.
- ¿Somos amigos? ¿Me perdonas?
Daniel no sabía si podría confiar en él, le había hecho ya tantas...
- Está bien te perdono, volveremos a ser amigos pero no me la vuelvas a hacer más por favor, me siento muy mal cuando te portas así de mal conmigo.
Charlotte dio un golpe en la barra.
- ¡Se puede saber que habláis! Aquí habéis venido a fregar, no a estar de cháchara. Si os vuelvo a pillar hablando, fregaréis todos los vasos de la discoteca. Voy a por más vasos.
Ernesto y Daniel comenzaron a fregar sin parar.
En diez minutos estaba todo fregado.
- Está bien Ernesto, has saldado tu deuda, ya puedes salir de la barra y divertirte. Toda esa gente te espera.
El Príncipe se acercó a ellos tambaleándose para los lados y sin entenderse lo qué decía, parecía que hablaba en otro idioma.
- ¿Qué hablas Príncipe? Hablas raro parece que llevas un polvorón en la boca, sácatelo.
El Príncipe se esforzaba por hablar pero no podía hacerlo con claridad.
Ernesto y Daniel se miraron preocupados.
- Los guardaespaldas están en la pista bailando y se han puesto borrachos.
Charlotte pensaba tramando algo:
- Ya sé lo que está diciendo el Príncipe...
- ¿Qué eres traductora ahora? Le preguntó Daniel maliciosamente.
- ¿Quieres que te atice? Pues cierra el pico o te coso con hilo la boca.
Daniel se cerró la boca con la mano haciendo cómo que se pasaba una cremallera.
- Pues tú dirás Charlotte porque yo no entiendo ni mu de lo que dice, le replicó Ernesto.
- Está diciendo qué se quiere venir con nosotros, que lo saquemos de esta discoteca que va muy borracho.
Daniel y Ernesto se miraron preocupados porque cómo se iban a llevar a un Príncipe de la discoteca... podría acarrearles consecuencias muy graves.
Charlotte cogió el casco y se lo puso en la cabeza al Príncipe.
- Vosotros dos acompañarlo hasta la puerta que ahora iré yo en un instante, tengo que terminar aquí unas cosas... Nos vemos en la puerta.
Daniel y Ernesto comenzaron a caminar con el Príncipe, en busca de la salida de la discoteca.
Estaba ya amaneciendo...
✨✨✨✨