Capítulo 24

1011 Palabras
Cerraron las puertas. Arriba en la Sala VIP no cabía ya un alfiler. El Príncipe y Ernesto se extrañaron que de pronto hubiera entrado una avalancha de gente. Ernesto se asomó por la terraza y miró hacía la pista de baile, no había nadie salvo tres personas y observó que eran los guardaespaldas del Príncipe que cómo no tenían trabajo, se habían puesto a beber y a bailar. Tenían toda la discoteca entera para ellos, nunca habían estado más tranquilos velando por la seguridad del Príncipe. Ernesto regresó con mucha dificultad a la barra en la que se encontraba el Príncipe. Fue abriéndose paso con el método del codazo. Finalmente llegó a la barra. Sacó el móvil para dejarlo sobre la barra y se dio cuenta que llevaba los bolsillos del pantalón llenos de papelitos con números de teléfono que le habían ido metiendo mientras iba y venía. - He aprovechado bien el trayecto hasta llegar aquí, pensó. El Príncipe se percató de los papelitos y comprobó cómo a Ernesto se le cayeron varios al suelo. Se agachó, los cogió y se los metió en el bolsillo del pantalón. - Ten otro papelito más, hoy estoy generoso. Este número de teléfono tiene buena pinta, le dijo Ernesto. El Príncipe se lo guardó rápidamente y se bebió un tapón de un solo trago. Ernesto se puso a imitarlo pero observó que su tapón estaba vacío. Miró al camarero extrañado. Le silbó. El chico ya no tenía la cara triste de antes. La barra se había animado bastante de gente. Guiñaba los ojos para todos lados. Se acercó a atender a Ernesto: - ¡Dime guapo! le dijo guiñándole los ojos sin parar. - ¿Por qué me has puesto un tapón vació? - Porque ya no te queda dinero y te toca bebértelos vacíos. El Príncipe me ha mandado un wasap que él solo te paga los cinco primeros y llevas ya quince. Has salido esta noche con un embudo en la boca. Miró al Príncipe sorprendido. - Voy a dar un paseo para que me dé el aire, le dijo el Príncipe silbando y marchándose disimuladamente. Ernesto se quedó inmóvil como una estatua. Miró al camarero margaritero que le hacía una señal chasqueando los dedos para que le pagara. - O me pagas o te quedas sin pelo, elige. - Es que no llevo dinero... yo pensaba que iba a pagar su alteza real. - Su alteza real es más roñoso que un banco. -Pues no llevo dinero... El camarero se le quedó mirando cómo echándole una maldición. Ahora había puesto cara de bruja. - Te arranco el pelo de cuajo y mañana bien temprano te veo buscando un peluquín por toda la ciudad. Hizo cómo qué le echaba unos polvos mágicos en el pelo para que se le cayera. Charlotte estaba a lo lejos buscándolos con la mirada. Vio al Príncipe que hablaba animadamente con Daniel. En los ojos tenía dibujados dos corazones en lugar de pupilas. Siguió con la mirada toda la terraza en busca de Ernesto, le extrañó que no estuviera con el Príncipe y con Daniel. Se aproximó a ellos. - ¿Y este quien es con el casco en la cabeza? preguntó Daniel sorprendido. Charlotte se quitó el casco. - ¡Ay madre! ¡Que eres tú! ¿Pero que haces con eso tan horrible en la cabeza? ¿Estás castigada por algo? - Hijo el colegio ya lo terminé hace mucho tiempo... es del Príncipe que me he prestado a llevárselo y la gente me ha confundido con él. Me han dejado la pista para mi sola, en cuánto me han visto. Mañana me lo pongo para ir de compras, a ver si me regalan la ropa en las tiendas. - Pues ahora le toca llevarlo a Ernesto, era una hora cada uno ¿Lo recuerdas? le dijo el Príncipe. - Um, si, no sé... es que tengo memoria de pez ¿Quién es Ernesto? - Ya veo que tu memoria es un pedo. Hija, el amigo de Daniel... le dijo señalándole. - ¿Y este quien es? preguntó Charlotte mirándole fijamente como si hubiera visto a un extraterrestre. - ¿Pero tú has bebido esta noche? Charlotte asintió seguidamente. - Será mejor que busques a Ernesto y le dejes el casco para que tú puedas bailar con la gente tranquilamente. Has sido entrar tú y ha entrado después la discoteca al completo, arrastras masas de fans. Charlotte miró hacía atrás para comprobar lo que le decía el Príncipe. Efectivamente entraba gente sin parar a la Sala VIP, algunos caían sobre otros. Charlotte puso los ojos cómo platos. - ¡Este casco hace milagros! Estoy pensando no prestárselo a Ernesto. Daniel miró el casco recelosamente, lo quería para él, quería también ser el centro de atención como Charlotte. - Si quieres lo puedo llevar yo en lugar de Ernesto, quizás también sirva para ligar... a ver si hace milagros... La gente pasaba al lado de Charlotte y le daban palmas en la espalda. - Cómo me den todos me quedo sin espalda esta noche. Empezaba ya a no poder respirarse de lo pegados que estaban unos contra otros. Charlotte seguía buscando a Ernesto con la mirada para entregarle el casco. Entonces lo vio a lo lejos. Le pareció que estaba en la barra pero no delante sino detrás. Era el camarero el que estaba delante tomando chupitos en lugar de estar sirviéndolos él. Charlotte no entendía nada de lo que estaba pasando esa noche, parecía que estaba todo del revés. Se fue para allá a ver qué estaba sucediendo. Comenzó a abrirse paso entre la gente con el método del codazo limpio. Llegó a la barra derrapando. Miró hacía atrás y la gente la miraba aterrorizada, algunos de ellos caían al suelo doloridos de los golpes que le había propinado Charlotte. Ellas les hizo cara sacando pecho fuera: - ¿Qué pasa? ¿Queréis pelea o qué? Unos cuantos salieron despavoridos escaleras abajo. Parecía que llevaban una mecha en el culo. ✨✨✨✨
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