El reflejo en la niebla

1339 Palabras

El tiempo no cura. Solo entierra. Y a veces, entierra tan hondo que lo que brota de vuelta ni siquiera recuerda su nombre original. Pasaron veinte años en el mundo humano. Veinte años desde el nacimiento de la humana Silvia. Sin embargo, ese nombre ya no era suyo. Su identidad había sido dictada por su madre. Emilia. Quien en su nacimiento decidió llamarla Verónica como si el destino le jugara una broma de mal gusto. Al principio, la vida fue difícil para ambas. Pero con el tiempo salieron adelante. Aun así, detesta ese nombre. No sabe por qué. Le suena prestado. Como si hubiese sido arrastrado de otra vida. Hoy se llama Verónica, pero ella insiste: —Llámame Nika. Solo Nika. Prefiere caminar que tomar el bus. Odia las llamadas telefónicas. Tiene los ojos de un dorado muy pálido,

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