Año 11. Algo empezó a cambiar. Azazel ya no es el mismo que antes. No fue súbito, ni dramático. No hubo lluvia ni relámpagos. Fue una g****a mínima en su rutina. Una tarde —si es que en el Inframundo existen las tardes—, Azazel escuchó una carcajada en una de las salas antiguas del castillo. Una voz infantil, burlona… femenina. Por instinto, pensó en Silvia. Pero cuando llegó, no había nadie. Solo una pequeña flor blanca creciendo entre las piedras. Una flor que jamás debió crecer ahí. Año 16 – La herida se abre sola Azazel ya no se oculta. Tampoco pregunta. Simplemente observa el mundo como si no le perteneciera. El inframundo se siente pequeño. Los deberes, rutinarios. Sus hermanos lo miran con un respeto tibio, como si ya no lo reconocieran. Y es entonces cuando escucha u

