-Y pues eso, que es el mejor helado de chocolate del mundo -le dijo Rubius a Amanda mientras se dirigían a una pequeña heladería cercana a la plaza de Madrid.
-¿El mejor del mundo mundial? -replicó ella.
-El mejor del mundo y el universo entero. Ven, que te compro uno.
Rubén llevaba su gorra de minecraft hacia adelante, tapandole algo del rostro, una polera negra que decía "f**k Fame" y pantalones negros. Entraron a la heladería y pidieron dos helados de chocolate.
-La verdad es que hace tiempo que no salía con una chica en plan... bueno, así como ahora, de amigos y eso -confesó Rubén.
Amanda lo miró y sonrió. Era el chico que aparecía en los videos de youtube, pero de forma diferente. Más real, por así decirlo, como si se sacara la máscara del personaje y aflorara el verdadero hombre que era Rubén. Y era un chico muy agradable, casi tímido y calmado. Contrastaba con lo que mostraba en los vídeos, donde obviamente exageraba su forma de ser para llamar la atención y atraer a más suscriptores.
-En general las chicas me buscan, ya sabes, por mi fama y tal... tú no, ¿verdad?
-Bueno, para ser sicera, quiero sacar el mayor provecho de tu fama, sacarte dinero y luego desaparecer... ¡Cómo crees! jaja, eres el primer español que conozco y me caíste bien desde que te vi en el Mercadona... bueno, menos esa parte donde me ofreciste una foto. Eso fue muy raro -dijo Amanda.
Rubén se puso a reír.
-Lo siento, lo siento, es que siempre que una chica... o un chico me toca el hombro es para hacerse una foto conmigo o que le firme el libro. Fue por costumbre.
Les entregaron los helados, pagaron, agradecieron y salieron del local. Pasearon por la plaza mientras comían sus helados y conversaron de cómo era el país de la chica ("puede que no sea la gran cosa, pero al menos somos el mejor país de Chile" dijo ella en broma. Pero Rubius no la pilló y se tuvo que reír sola), de programas para editar videos, de sus vidas, de sus amigos, de todas esas cosas de las que uno habla con alguien con quien empieza a trabar una amistad.
Se sentaron en una banca mirando a la gente, riendo y conversando. A su alrededor, nadie reparaba en ellos. Rubius se había puesto el gorro de tal manera que le ocultara el rostro, y al estar sentado, no se notaba lo alto que era, así que pudieron conversar tranquilos toda la tarde.
Ya eran casi las ocho de la tarde cuando sonó el celular de Rubén.
-Aló, Mahe... sí... con una amiga... que sí, coño... ¿ahora?... y quién más... ah j***r, se viene bueno... jaja, vale, vale. Nos vemos.
Cortó, miró a Amanda a los ojos.
-Amanda, mi mejor amigo me invitó a su casa...
"Y ahora es cuando se termina nuestra salida", pensó la chica, resignada.
-... irán otros amigos y me preguntaba -Rubén le tomó ambas manos a la chica- si querías ir conmigo.
Eso no se lo esperaba. ¿Ir a la casa de Mangel con Rubius? Parecía una locura. Pero qué era la vida sin un poco de locura.
-Ehh, claro...
-Genial, lo pasaremos de puta madre.
Rubén se puso de pie, tomó una mano de Amanda y caminaron en dirección al apartamento de Mangel. En el camino, unas cuantas adolescentes se sacaron fotos con Rubén y dieron miradas asesinas a Amanda, pero ella se hizo la desentendida, ¿es que acaso el Rubius no podía tener amigas?
Caminaron por varias calles. Ruben se sabía el camino de memoria. No era lejos, pero tampoco muy cerca, que digamos. Que bueno que a Amanda no le complicaba caminar, ya que estuvieron recorriendo la ciudad cerca de media hora sin descanso. Además, ella debía seguir el ritmo de las enormes zancadas que daba el chico. No por nada era casi 30 centímetros más alto que ella.
Ya eran cerca de las ocho y media de la tarde cuando por fin Rubén se detuvo frente a un edificio. Ambos entraron y se registraron con el conserje. Subieron en el ascensor y llegaron frente a una puerta, que Rubén golpeó alegremente. Habían llegado a la casa de Mangel.