Amanda estaba sentada en el sofá con el rostro triste mientras Eva estaba junto a ella, acariciándole el cabello. Ambas estuvieron calladas un buen tiempo. —Gracias por acogerme —dijo Amanda en voz baja. Como habían salido tan rápido del local, a Eva se le había quedado el monedero en el bolso de Alexby, y Amanda le había pasado sus cosas a Rubén, así que tuvieron que caminar hasta la casa de Eva, que por suerte quedaba a unas pocas cuadras de la fiesta. —Está bien. Por algo somos amigas —respondió la española con una sonrisa franca. —La verdad, no entiendo por qué estoy así —dijo Amanda sentándose derecha y mirando a su amiga con ojos tristes —es decir, es obvio que Rubén ha seguido saliendo con otras mujeres todo este tiempo. Siempre lo supe, ¿no? —Pero quizás nunca lo quisiste acep

