Ahí estaba él de nuevo, mi mejor amigo de la infancia, él único que me aceptaba y me comprendía, el único que sentía un afecto sincero por mí, reviví aquellos momentos que compartimos, recordé su cara, su sonrisa, su buen humor, su amabilidad, era él, estaba ahí frente a mí de nuevo. Pero también los chicos más grandes de la escuela que siempre me molestaban, estaban ahí, la sombra de sus terribles actos se presentaron a mí como un álbum viejo de fotografías. Y pronto llegó esa tarde, ellos habían decidido tenderme una emboscada. Lo supe en ese instante, no era sólo el hecho que deseaban molestarme, sus intenciones eran lastimarme más de lo que yo misma podría soportar. Sentí aquel miedo de nuevo, me sentí indefensa. Por suerte, ahí estaba él, mi mejor amigo, quien se interpuso entre los

