Capitulo 4.2

1153 Palabras
Me di cuenta que no sabía leer aunque ellos no le daban mucha importancia a ello y simplemente jugueteaban con los libros y los exploraban tranquilamente. Yo me paré a un lado a observarles mientras detallaban alrededor en búsqueda de esas figuras que habían protegidos los niños en aquella ocasión y que habían sonando el silbato por una razón que desconocía. Entonces a lo lejos del tejado del instituto vi un grupo de aves volar haciendo ruido tanto con sus aleteos cómo con sus cantos, cómo si algo las hubiera asustado lo que me hice pensar que ya habían cenado la campana y ya debía regresar.    Ya debo regresar dije aún mirando el muro algunos metros que nos separaba del interior de Ariza, buscando algún cuerpo encapuchado que apareciera para supervisar la integridad de los pequeños.    Está bien, cuídate se despidieron los niños de me da tranquilidad aun apreciando algunas páginas de mi libro. Se… pueden quedar con él dije sonriendo y emprendió una marcha lenta aún esperando muestras de los objetos misteriosos del otro día. Me negaba a creer que los niños estuvieran solos ahí afuera sin supervisión y que además tuvieran léxico tan avanzado, un discurso tan fluido sin saber leer. No deseaba entrometerme más con Los pequeños sin primero conocer quiénes están detrás de esto y por que.   ¡GraMe di cuenta que los pequeños no sabían leer aunque ellos no le daban mucha importancia a ello y simplemente jugueteaban con los libros y los exploraban tranquilamente. Una vez que interactué con ellos durante un tiempo que creí prudente, me paré a un lado a casi ignorándoles mientras detallaba alrededor en búsqueda de esas figuras que habían protegido a los niños en aquella ocasión y que habían sonado el silbato por una razón que desconocía.   Me sentía ligeramente extraña, como vigilada o como si algo fuera a ocurrir. Pudo ser mi imaginación o quizás el temor por lo vivido en la situación anterior, quizás ya estaba empezando a enloquecer después de haber convivido unas semanas en aquel instituto que parecía más una prisión o un manicomio pensando en tantos otros hechos de aquellas semanas y que ahora no es momento de narrar.   Después de haber estado quien sabe cuánto tiempo allí parada bajo el gran árbol mirando a la lejanía y quién sabe cuánto tiempo más desde que había salido de Hoare, vi un grupo de aves volar, a lo lejos sobre el tejado del instituto haciendo ruido tanto con sus aleteos como con sus cantos, cómo si algo las hubiera asustado, lo que me hizo pensar que ya habían sonado la campana y no faltaba mucho para terminar la jornada, por lo que ya debía regresar.    —Ya debo regresar —dije mirando todavía el muro a algunos metros de distancia que nos separaba del interior de Ariza, buscando algún cuerpo encapuchado que apareciera para supervisar la integridad de los pequeños.  — Está bien, cuídate —se despidieron los niños de mí con gran tranquilidad aun apreciando algunas páginas de mi libro. —Se… pueden quedar con él —dije fingiendo una sonriendo y emprendió una marcha lenta aun esperando muestras de los sujetos misteriosos del otro día.   Me negaba a creer que los niños estuvieran solos ahí afuera sin supervisión y que además tuvieran léxico tan avanzado, un discurso tan fluido sin saber leer. No deseaba entrometerme más con los pequeños sin primero conocer quiénes estaban detrás de esa situación y por qué.   — ¡Gracias! ¡Cuídate! —escuchaba atrás en las voces de las niñas motivadas por su nuevo regalo, y sin escuchar la voz del pequeño líder quién aparentemente seguía sin estar del todo a gusto con mi nueva visita. Mientras tanto avanzaba a un buen pasó rumbo a mi instituto, no con ánimos de regresar sino con miedo de volver a provocar una m*****e por parte de mis docentes, además deseaba ver de nuevo quiénes estaban tras las capuchas, pero no podía retrasarme más así que aumenté mi paso hasta correr hacia Hoare, el instituto.    El instituto tiene una entrada que va a dar justo afuera de las murallas la cuál era la que yo más usaba ya que mis otras clases ni mi residencia eran dentro de Ariza; además de ella cuenta con una segunda entrada que está justo dentro de aquella área amurallada a través de la cual entraba y salía más gente. Pero sin falta ambas estaban custodiadas a su manera.    Cuando llegué a la puerta exterior del instituto ya faltaba acerca de media hora para terminar las clases. Normalmente Olimpia y los demás me recogen algunos metros del instituto por lo que pensé ya no volver a entrar; sin embargo, cuando me acerqué al final del muro circular que protege a Ariza y me acercaba a la entrada del instituto, vi a un hombre desaparecer de mi rango visual perdiéndose más adelante del elíptico muro. Entonces reaccioné devolviendo algunos de mis pasos ocultándome unos metros antes de dónde imaginé que estaba haciendo ronda el hombre. Cuándo…    — ¡AHHH! Y la lejanía en la que veían a los niños y sus risas desaparecieron de mi vista mientras era jalada desde mi cabello hacia la puerta del instituto. Era un agarre fuerte que me hacia doler realmente la cabeza. —Ya he dicho que quiénes pasen por esta academia transformarán sus principios y vivirán para servir a la sociedad, no para destruirla.    No medié palabra, suelo estiraba mis brazos hacia atrás buscando mi captor y poder liberarme. Cuando estábamos por atravesar las puertas, me agarré a uno de los soportes del cerco y debido a mi oposición me tomó por el cuello y comenzó a estrangularme justo después de que mi garganta liberar un pequeño gritillo por reflejo, más de eso no podría ser para pedir auxilio y buscar liberarme, por lo que solté mis manos de la puerta y justo cuando el hombre iba a aceptar una cachetada, caí al suelo libre de sus a******s.   Me tomo unos segundos recuperar el aliento y tratar de pensar en huir cuando vi afuera de la puerta una figura encapuchada con una de esas armas artesanales en las manos de atrás mío el señor Bardock noqueado, quedé paralizada con los ojos bien abiertos y sin habla, estire mi mano hacia la puerta como queriendo decirle algo aquella persona quizás "espera", "llévame contigo", "ayúdame" o simplemente "gracias", pero en cuestión de segundos desaparece de mi vista.  Mire hacia dónde estaba el maestro con algo de terror bien porque no respirara o bien porque pudiera despertarse. Toque su cuello intentando recrear una búsqueda de signos vitales que no logré realizar y en cuanto empezó a moverse salí de allí caminando con rapidez, con una aparente tranquilidad hacia el lugar donde Olimpia solía recogerme pero con un sensación de miedo dentro mío que no me permitía seguir ignorando por completo los hechos que acababa de presenciar.
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