Capitulo 4.1

759 Palabras
La segunda vez que nos vimos, tuve que pensar en una forma algo más elaborada para hui del instituto. Era Viernes, un día especialmente comercial en Tanba pero caluroso como casi todos los días en Ariza y mientras muchos jovenes terminaban sus labores más temprano para asistir a plazas de mercado y ferias; yo me encontraba a punto de entrar a clase de filosofía con el Sr Bardock. Ni si quiera me tomé la molestia de entrar al aula de clase y en su lugar, me quedé en el patio principal, el cual consistía en un gran campo polvoroso y esperé pacientemente a que alguno de los guardias se descuidara para pasar inadvertida por allí. Sin embargo, habían jovenes y maestros llendo y viniendo de un lado a otro debido a las festividades que se preparaban en Ariza como casa semana. Entonces pensé que podía mezclarme entre la multitud que concurría el lugar en lugar de esperar, ya que deseaba uszar el tiempo de clase en mi incursión a las afueras. Inicié mi marcha hacia la portería con tranquilidad como una alumna más que va hacia la plaza, cada vez con más nerviosismo a medida que me acercaba al cerco que me separaba de las calles de aquel poblado. Estaba cerca ya de la portería cuando mi corazón latía con rapidez por el nerviosismo de salir, unos cuantos pasos cerca del exterior entre la multitud cuando me helé por completo en medio del calor que caía sobre mí cabeza al sentir una mano sobre mi hombro. Cuando me giré, vi a uno hombre alto pero cuyo rostro desconocía, ya que nunca había salido o entrado por esta puerta.  —Señorita Bisset ¿A donde va tan temprano? — Estaba petrificada sin saber que contestar.  — Tenemos ordenes de no dejarla salir hasta el medio día — dijo con una amplia sonrisa. Tan pronto como vi esa expresión que ya me parecía macabra, mi corazón se aceleró al igual que mi respiración, quitandole al hombre su mano de mi hombro y girando en sentido directo hacia la puerta, provocandole a mi cuerpo un mareo debido a la hiperbentilación combinada con el brusco movimiento y ya afuera corrí hasta el árbol a la lejanía del instituto.  Aquella zona donde los niños se rían jugar quedaba a unos 200 metros de distancia, por lo que solía tomarme unos 5 minutos llegar aunque al principio era doloroso y agotador. Cuando llegué a la zona del árbol dos niños se detuvieron y me miraron seriamente. Yo estaba allí parada sin saber que decirles — ¿Están bien? —Fue lo que gesticulé para crear empatía y elaboré una sonrisa algo fingida. Los chicos me saludaron de regreso sonriendo pero pronto se miraron entre ellos con caras melancólicas. — ¿Pasó algo? —Lili tiene afectada su muñeca. —Pensé que era una forma disimulada de echarme la culpa por lo sucedido. —Y… ¿dónde está ella? —pregunté para tratar de solucionar lo que yo había causado. —Está con… él… —Shhh —las demás niñas silenciaron al chiquillo. —Ella estará bien… —señaló el pequeño líder.   Como o quería entristecerlos, dejé de hacer preguntas y me integré a jugar con ellos aunque recuerdo que tenían sus reservas frente a mi presencia. Podría ser que volviera a pasar lo de la ocasión anterior así que me esforzaba por regresar pronto al instituto sea para entrar a alguna clase o para que me recogieran.   Ellos no dudaron en hacerme algunas preguntas acerca del instituto y las clases, aunque sinceramente yo tenía también mis dudas, no sólo sobre ellos como grupo, sino del mismo instituto y sus extrañas restricciones o rivalidades con aquellos chiquillos. Presentía que no se trataba únicamente de formar seres disciplinados sino que en el fondo había algo más.   Me senté a su lado y abrí mi mochila masculina para sacar una botella de agua, después saqué uno de mis libros de apuntes. —Hermoso… —decían al pasarse los cuadernos entre ellos. — ¿Por qué huiste del instituto? —Eh… no me agrada ese lugar, pero es un deber que tengo —No les dije que además soñaba con jugar a las orillas del río en compañía de ellos.   Empecé a mostrarles algunos libros de geografía y fascinados hacían más y más preguntas. — ¿Y este gráfico que cosa representa o a que pertenece? — Bueno, aquí debajo dice que es el mapa de Tanba, ¿lo ves? —ehh… —hubo un ligero silencio entre ellos.
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