Narra Gabriel Siempre decían que era la copia de mi madre, que nuestros temperamentos son parecidos. La verdad lo ponía en duda, antes no lo creía porque sentía que, a pesar de ser mi madre, no la conocía lo suficiente; no era mucho lo que compartíamos, solo la veía en la noche en la hora de la cena y siempre en completo silencio. Cuando era niño sentía que algo andaba mal o que quizás yo estaba haciendo algo mal para que ella nunca estuviera para mí, pero con el pasar de los años empecé a encontrarle una ventaja a eso de no tener a una persona todo el tiempo vigilándome, seguí cumpliendo con eso que para ella era importante, las calificaciones; con lo demás era un completo desastre. Mas cuando llegó la etapa de la universidad. Me convertí en un mujeriego de primera clase, era responsable

