Mía No podía estar pensando de este modo en Aiden Davis, ¡Claro que no! Desde aquel día en que él había venido a verme con flores, y yo me había desahogado con él sobre lo que papá me había hecho, de una manera muy vergonzosa, no dejaba de pensar en cómo se sentían los brazos de Aiden a mi alrededor y de aquel delicioso perfume que desprendía de su cuerpo. ¿Por qué no dejaba de pensarlo de ese modo? —¿Qué haces? —pregunta Melany al sentarse a mi lado en el sofá de nuestra sala. Lanzo mi celular lejos de su alcance mientras me sonrojo violentamente ante la inesperada aparición de mi mejor amiga. —Nada… —Ok… —ella ladea su rostro hacia mí y me mira con curiosidad—. ¿Entonces por qué estás sonrojada? —cuestiona alzando una ceja con picardía. Giro los ojos con fastidio e intento

