Mía Aiden Davis y yo nos habíamos besado ¡Mierda! Aquel detestable rubio me había besado como nunca nadie lo había hecho, y ahora se encontraba sentado frente a mí y no era capaz de dirigirme una maldita mirada, lo que me hacía odiarlo, pues él estaba intentando ignorarme. Habían pasado varios días después de aquel beso que me había dejado deseando mucho más, y luego de eso, no había sabido nada más de él, ni siquiera habíamos intercambiado un mensaje de texto, hasta que hoy por la mañana Nathan había insistido en tener esta reunión junto a Leah, quien no dejaba de dedicarme miradas extrañas. —Entonces, ¿tienen ideas para el libro en conjunto? —pregunta Nathan con emoción, ignorando la tensión del ambiente. Observo a Aiden fijamente, sin quitarle los ojos de encima, y su mirada me

