Capítulo 3: "Rose Mary"

1941 Palabras
Mía —¡No puedo creerlo! —grito emocionada al entrar a la nueva habitación de Melany. Mi mejor amiga abre los ojos de golpe y se sienta en la cama de inmediato, mirándome con terror. —¿Qué ocurre? —pregunta con las palabras atropelladas—. ¿A quién hay que matar? —¡Melany, mi novela está en el top 1 del New York Times! —grito señalando el tablet en mis manos. Mi pelirroja amiga me mira como si me hubiera salido un tercer ojo y luego lleva ambas manos hasta su boca para cubrirla. —¡No puede ser, no puede ser! —chilla emocionada para después levantarse y correr a mí. Me dejo abrazar por mi mejor amiga y luego ambas gritamos a todo volumen, pues esto era una locura. ¡12 hombres para Molly en el top del New York Times! —Y solo lleva un día de publicado —dije al sentir cómo las lágrimas de felicidad comenzaban a cubrir mis mejillas. Melany me toma por los hombros y me mira con severidad. —Mía de la Rosa, eres una escritora genial, que merece esto y mucho más —asegura con una sonrisa de madre leona—. Te conocí cuando eras una chica temerosa de descubrir el mundo, pero ¡sorpresa! —alza ambas cejas y sonríe aún más—. Ahora el mundo te ama, por lo que hoy en aquel evento darás el mejor lanzamiento de la historia y tu aparición al mundo literario será todo un éxito. —Ya ves por qué te ofrecí venir a vivir conmigo —musito con una sonrisa al volver a abrazar a mi mejor amiga con fuerza—. ¡Gracias, Mel! —dije secando mis lágrimas y creyendo en las palabras de mi querida amiga. —¿Ya sabes qué te pondrás para la firma de libros? —pregunta mi amiga alzando sus cejas una y otra vez de manera coqueta—. Debes verte sexy, inteligente y admirable. —Pues… —niego con la cabeza al no tener idea—. Tú eres la diseñadora gráfica, supongo que me puedes orientar sobre gamas de colores y mi tono de piel —me encojo de hombros al morder mi labio inferior ante la mirada desaprobatoria de Melany. —¿Sabes que una cosa no tiene que ver con la otra? —cuestiona alzando una ceja y cruzándose de brazos a la altura de su pecho. —¡Pero eres mi mejor amiga, Mel! —hice un puchero con mis labios, lo que logró convencerla, porque luego me tomó de la mano y fuimos directo a mi closet. —Vamos a ver qué se puede hacer —dijo abriendo las puertas de mi ropero. (...) Abigail, más conocida como Abby, se había convertido en mi mano derecha al momento de firmar mi libro con la gran editorial “Fictional World”, pues no solo me había dado los mejores consejos editoriales al ser la secretaria del lugar, sino que también me había ayudado a comprender la letra chica del contrato que estaba firmando, lo que nos llevó varias sesiones de trabajo, que terminaron con nosotras bebiendo en un bar a modo de celebración de la firma de 12 hombres para Molly. —Abby ya está afuera —grito a viva voz para alertar a Melany, pues Abigail se había ofrecido a pasar por nosotras para llevarnos hasta la firma de libros—. ¡Melany, debemos irnos! —¡Voy, voy! Antes de salir del departamento me di una última mirada al espejo y me sentí divina, pues mi mejor amiga había decidido que sería buena idea vestirme con un traje de dos piezas color vino, que consistía en un blazer junto a una falda tubo que me quedaba muy por sobre las rodillas y me hacía ver las piernas largas y estilizadas, además que dar un aspecto formal a la situación. —Te ves hermosa, amiga —dije a Melany, quien se había puesto un vestido a cuadros n***o con gris, con lo que parecía toda una señorita de la alta sociedad. Salimos de casa y bajamos por el ascensor hasta llegar a la calle, en donde estaba estacionado el hermoso Mercedes Benz de Abby. —Wow… —susurra Mel al ver el transporte que cargaba Abby—. Me siento como en una película. —¡Hola, princesas! —saluda Abby al bajar el vidrio del copiloto y vernos por sobre sus costosos lentes de sol—. Suban, ya están esperando por nosotras. Rápidamente me subí en el asiento delantero, mientras Melany se acomodaba en la parte trasera. —Bueno, las presento —dije con una sonrisa al sentarme de lado para poder ver a mis únicas amigas en la ciudad—. Melany, mi loca mejor amiga y fan número uno, y Abby, mi nueva amiga del mundo editorial, quien espero aún no se aburra de mí. —¡No seas dramática, Mía! —responde Abby con una sonrisa, para después extenderle una mano a Mel a modo de saludo—. Un placer, Melany. Tienes un lindo cabello —comenta Abby. —¿Puedo preguntar? —cuestiona Melany mordiendo su labio inferior. Suelto una pequeña carcajada, pues Mel era tan impredecible, que podía salir con cualquier cosa. —Claro —responde Abby alzando una ceja con curiosidad. —¿Eres china, japonesa o coreana…? —deja la pregunta a medias y Abby libera una enorme carcajada que logra contagiarme. —Mis abuelos son coreanos —se encoge de hombros al restarle importancia al asunto y luego enciende el motor de su vehículo—. La verdad, nunca nadie se atreve a preguntarlo, y por lo que veo, Mía, tienes una amiga con carácter. —Y no has visto nada aún —advierto con diversión. —¡No hablen como si no estuviese aquí! —se queja Melany con una sonrisa divertida en los labios. —Ya me agradas, chica zanahoria —bromea Abigail haciendo que Melany le saque la lengua en respuesta. El resto del trayecto continúa así, haciéndonos bromas entre todas y riendo como si nada importara, aunque lo cierto era que dentro de mí se llevaba una batalla campal, pues no era para menos, hoy me mostraría el mundo como Rose Mary, una escritora novata que había tenido la suerte de estar en el top del New York Times de un día a otro, sin que nadie supiera de ella. —Hemos llegado, chicas —anuncia Abby llamando mi atención—. Vamos, Mía, es tu momento de brillar. —¡Vamos, Mía, demuéstrale a todos que eres una bomba sexy! —me río al escuchar las palabras de Melany y luego todas nos bajamos del automóvil para entrar en la feria de libros. Al poner un pie dentro, observo que el sitio está repleto de mesones y muchos autores que están arreglando sus puestos y acomodando sus libros. De inmediato Abby nos señala un espacio al final del lugar y junto a Melany la seguimos de cerca. No paso por alto las miradas curiosas de varias personas, y los entendía, pues yo nunca había mostrado mi rostro al mundo, por lo que solo era una anónima llamada Rose Mary. —¿Este es mi lugar? —cuestiono con algo de temor al ver dónde se había detenido mi amiga y Abby solo asiente con la cabeza en respuesta a la vez que rebusca una caja escondida bajo el mesón, desde donde saca muchas copias de mi libro y las deja sobre la mesa. —Solo falta el cartel con tu información de autora —advierte mi amiga—. Iré por él, ya vuelvo. —Debo decir que esta es la mejor portada que he hecho en mi puta vida —dice Melany al tomar uno de los libros entre sus manos y apreciarlo como si se tratara de una obra de arte. No dije nada a causa de los nervios y, en cambio, mis ojos se dedicaron a inspeccionar a nuestro alrededor a los demás autores presentes, hasta que reparé en uno en particular. —Aiden Davis —suelto las palabras con lentitud y sonrío de medio lado al recordar aquella vez que aquel atractivo hombre había intentado seducirme en el bar. —¿¡Aiden Davis!? —chilla Melany logrando llamar la atención de algunas personas a nuestro alrededor, que observan a mi amiga con algo de confusión. —¡Sí! —chillo en respuesta, dándole una mirada de advertencia—. Seguro luego te firma un libro, amiga. Melany me mira con los ojos bien abiertos y luego simplemente aprieta sus labios. Sabía que por su mente se estaban creando mil historias de romance, y no, pues aunque me parecía un hombre atractivo, guapo, sexy y misterioso, simplemente no me gustaban aquellos chicos que veían a las mujeres como objetos sexuales desechables. —Aiden Davis no te quita los ojos de encima —murmura Abby al llegar a mi lado con un hermoso cuadro en donde salía mi fotografía junto a una pequeña biografía de autora. —Y viene hacia aquí —añade Melany en un susurro. Me quedo de piedra ante lo que mis amigas dicen, y entonces me volteo un poco para ver que, en efecto, aquel rubio con fama de mujeriego y borracho, venía hacia mí con una actitud de cazador. —¿Mía de la Rosa? —pregunta con una sonrisa torcida a la vez que me escanea de arriba a abajo con sus ojos verdes. —Aiden Davis —afirmo al extender mi mano hacia la suya. Él la toma y deja un casto beso sobre mi dorso. —¿Qué haces aquí? —pregunta interesado, ignorando a mis amigas, quienes a nuestro lado comienzan a colgar el cuadro de presentación. —Pues… —susurro sin saber muy bien cómo explicarle que era escritora, al igual que él. —¿Eres Rose Mary? —cuestiona una chica rubia llegando a mi lado. Aiden abre los ojos con asombro y se cruza de brazos—. ¡Mierda, es Rose Mary! —chilla aquella chica colgándose de mi hombro—. ¡Amo tu libro, amo a Molly!. Le sonrío a aquella chica y le agradezco por sus palabras, y es entonces cuando Aiden me da una mirada mortal, y sin decir nada más, desaparece por donde vino, dedicándose a mirarme de reojo el resto del evento, pero esta vez, con recelo en la mirada, como si realmente me odiara, lo que me hace pensar en que es un estúpido ególatra. ¡Claro, una mujer no le llamaba la atención si es que estaba a su altura! ¿Acaso yo debía hacerme en menos para gustarle? ¡Que se joda, maldito mujeriego alcohólico! —¿Podemos tomarnos una fotografía? —pregunta la chica a la que le estaba firmando su libro. —Claro, preciosa —respondo con amabilidad y dejo que ella capture nuestras sonrisas—. Fue un gusto conocerte —le digo antes de que se vaya y entonces mi mirada vuelve a caer en aquel desagradable sujeto, quien no deja de enviarme miradas asesinas. —¿Por qué siento que no estás disfrutando de esto? —pregunta Abby a mi lado. —Es ese idiota de Davis, no deja de mirarme mal… —arrugo las cejas en reflejo y ella sonríe de medio lado. —Es obvio, tumbaste su puesto en el top 1 —se encoje de hombros y entonces todo comienza a tener sentido en mi mente. ¡Toma eso, Aiden Davis!
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