Aiden —¡Es que no puedo creer que hayas sido tan infantil! —es lo primero que me dice Leah al salir del canal, en señal de reclamo. Volteo los ojos y resoplo con fastidio, tratando de no seguirle la corriente. —¡Aiden! ¡Te estoy hablando, maldita sea! ¿Por qué carajos hiciste eso? sacar el tema de su padre ha sido demasiado, ¿no te parece? —Ya lo hecho, hecho está —refuto al mirarla. —Pero no tienes pruebas para haber dicho eso. —¿Y? He logrado despertar en ella la duda —tuerzo una sonrisa, sin sentir el mínimo arrepentimiento de lo que había hecho—, además, sabiendo sobre la gran fortuna de su padre, no me extrañaría que en verdad ese hombre haya tenido algo que ver en el reciente ascenso de su hija. Leah chasquea la lengua y niega con la cabeza, al mismo tiempo en que cruza los

