Aiden Adriana, una vecina de Mariana, me había llamado durante la mañana para informarme que, estaba muy preocupada por mi suegra, pues hacía un par de días que no la veía salir a pasear a su gata como era de costumbre, y que, por más que le tocaba la puerta, esta no respondía, por lo que, apenas y acabo de hablar con la mujer, tomo las llaves de mi auto y salgo de mi casa, sintiendo el gran temor de que algo malo le haya ocurrido en ese lugar, sola, sin ningún tipo de compañía más que de su vieja gata. Apenas estaciono fuera su casa, salgo del auto con gran rapidez y corro hacia la puerta, la cual toco con desesperación mientras la llamo. Mi corazón late con fuerza, y mis manos tiemblan al no recibir respuesta de su parte… ¡Dios mío! a ella no podía ocurrirle nada, ¿Qué pensaría Hanna

