Los ojos verdes de Carlos mostraron asombro cuando la vieron aparecer frente a él, intentó acercarse a ella pero el hombre que estaba a su lado desenfundó su arma y le apuntó deteniéndolo, los demás que acompañaban a Carlos hicieron lo mismo en dirección a Albert. —¡Paula!—, exclamó Carlos, intentando que ella le mirara a los ojos, pero no lo hizo, el hombre dirigió su mirada cargada de odio hacia Albert —. Eres un miserable por lastimarla de esa manera—. Carlos estaba tan concentrado en los golpes de Paula y en su semblante que no se había percatado qué sus palabras hirientes se había clavado en lo profundo de su corazón como una herida mortal, que la estaba haciendo desangrar. —No seas hipócrita ¿y lo que le haz hecho tu? El hombre frunció el ceño tratando de comprender las palabra

