Cuando entramos a la casa, la madre de Jorge y la abuela se acercan a mí, ambas tomadas de las manos y mirándome algo tiernas o bien, distraídas.
- Hola Dalia ¿Cómo te has sentido? ¿Podemos ayudarte en algo? - Es su abuela quien pregunta y la madre me mira tomando mi rostro con sus manos.
- Eres una chica hermosa, nunca había visto unos ojos como los tuyos.
Si, quizá es lo que más llama la atención de mí, tengo ojos celestes, son tan celestes que se ven como el mar o el cielo, a mis padres les encantaban. Mi cabello n***o ondulado y largo combina con mi cuerpo de adolescente, turgente y firme.
Recuerdo que siempre me decían lo hermosa que era pero nunca lo ví así, sé que cuando una tiene ésta edad se encuentra algún defecto, es una estupidez ya que no nos valoramos ni vemos lo hermosas que podemos llegar a ser, pero cuando lo perdemos, recordamos lo mucho que extrañamos ese defecto que nos hacía especiales.
- Muchas gracias por todo lo que me dicen y por permitirme entrar a su familia.
- Si mi hijo te considera parte de su familia, entonces eres parte de la nuestra también. - Su madre hablando.
- Es verdad, no importa lo que diga el mundo, si Jorge te llevó a vivir con él entonces nosotros te aceptamos. Eres ahora una hija más. - Su abuela.
- Ustedes quieren mucho a Don Jorge. - Ambas se ríen porque lo trato de "Don".
- Lo amamos, él ha sido un pilar fundamental para todos nosotros y lo apoyaremos sea cual sea la decisión que él tome. - Esa es su madre.
- Salvo la del matrimonio. - Dice su abuela.
- No vamos a hablar de eso, madre. - Son graciosas las dos, se miran y se ríen, es muy agradable llegar a un lugar donde si te quieren y no te miran con mala cara.
Pasamos a una mesa hermosa y elegante que contiene las cosas más exquisitas que pueda haber visto en mi vida.
Todos comemos y reímos de algunas bromas de las matriarcas de esta familia, son todos muy agradables y me tratan muy bien.
Cuando termina la comida, las mujeres se paran cerca de mí y conversan de las cosas que deben hacer en la semana, el abuelo de Jorge me sonríe y mi guiña los ojos cuando ve que su mujer y su hija están hablando de ellos mientas ríen, ellos son una familia feliz, o al menos así puedo verlo.
- Hola Dalia... - Desde atrás la voz de Ángel me llama.
- Angelito, por ahí andabas... - La abuela de Jorge le dice mientras le toma la mano.
- ¿Ya conoces a Dalia, hijo? - La madre de Jorge toma mi mano.
- Si, ya tuve el placer. - Dice Ángel mirándome a los ojos sonriendo.
- ¿No te parece una chica hermosa? - Demonios, me estoy ruborizando.
- Si, es una chica hermosa, abuela. - Dice Ángel mientras Jorge desde atrás coloca una mano sobre mi hombro.
- Lo es, pero debe dedicarse a estudiar. Es su única opción ahora.
Si, ok, me agrada demasiado que Jorge me cuide así, me recuerda a mi papá.
- Lo sé tío, yo me ofrezco a ayudarle con sus materias. - Ángel me mira y sonríe, yo le sonrío también.
- Muchas gracias, eres como un angelito de la guarda. - Si, ya les había dicho que mi cabeza y mi boca no están conectadas. Siempre hablo antes de pensar. ¡Diablos!
- ¿Que sucede? - Dice Jorge cerca de mi oído con una clara amenaza en su voz.
- Lo digo porque él siempre aparece cuando uno más lo necesita. - Digo tratando de salir del paso mientras su mamá y su abuela se ríen de mis ocurrencias. Me río de mi misma ya que llegando a la casa... Estaré muerta.
- Sabes que llegaremos a casa ¿No? - La mano de Jorge presiona más fuerte mi hombro, ríe mientras me habla para que no se note que me está diciendo eso, yo me río pero no entiendo porqué lo hago.
- A ver niños, me encanta que se lleven bien y me gustaría que Jorge te trajera más a menudo, yo sería feliz de que Angel y tú se conocieran más.
- ¡Mamá! Dalia es una niña, no necesita ese tipo de distracciones.
- Jorge, no seas tan exagerado, ella puede tener amigos y bueno, hasta novios.
- ¡No! - Jorge y yo decimos al unísono lo que me provoca bastante risa.
- No serás un padre divertido para Dalia, Jorge. - Su madre se ríe y nos mira.
- No soy su padre. Solo su tutor. - Jorge está muy serio.
- Está bien, me agrada que lo veas así.
Todos nos miran y Jorge toma de pronto mi mano mirando a los demás.
- ¿Vamos, Dalia? Madre, abuela, nosotros debemos irnos, Dalia tiene que ir al colegio mañana y eso es temprano.
- Está bien, nos veremos el fin de semana en el almuerzo. Los espero. - Dice la abuela y me mira sonriente.
- Si abuela, no te preocupes.
- Jorge... Voy a pedirle a Max que vaya por Dalia y nos la traiga en las tardes, ya que tú estarás trabajando, ella no tiene para qué estar sola en tu casa. Después la vamos a dejar. - Su abuela es clara y firme así que Jorge no tiene oportunidad de negarse.
- Está bien, abuela. Solo preocúpate de que estudie y no de que busque novios.
Él se ríe y mira directamente a Ángel quien me mira a mí y sonríe. Jorge está actuando como un padre sobreprotector y, aunque mi padre era igual, verlo a él así me causa muchas cosas que no sé cómo explicar. Sólo espero que no tenga la mala suerte de terminar enamorada de esos hermosos ojos verdes. Eso sería lo peor ya que, en algún momento, tendré que irme de la casa de Jorge. No puedo vivir con él para siempre pues él va a hacer su vida y eso no me incluirá a mi.
Nos despedimos de todos y salimos de la casa mientras Jorge se acerca al auto y lo abre. Yo me subo en silencio y así hacemos el camino hacia la casa, en cuanto llegamos, yo subo a mi habitación y cierro la puerta, me tiro a la cama como si fuese un saco de papas y me despido del mundo, pero no logro dormir, llevo muy poco tiempo conociendo a este hombre, sin embargo, me estoy haciendo muy dependiente de él y eso no puede ser bueno en ningún sentido. En ninguno.
- ¿Estás despierta? ¿Puedo pasar? - Jorge toca la puerta y yo no sé qué debo hacer, tomo mi bata y me la coloco, abro la puerta y lo veo allí, está sin su chaqueta, solo su camisa blanca con las mangas hacia arriba, su cabello un poco despeinado y su mano está apoyada en el marco de la puerta, su altura se nota aún más cuando no llevo taco alto.
- ¿Que sucede?
- Solo quería saber si tenías todo listo para incorporarte mañana al colegio. - Mierda, mi corazón late muy rápido y no sé qué es lo que estoy sintiendo.
- Si, lo tengo todo. Gracias, Don Jorge.
- ¿Don? ¿Porqué me hablas así ahora?
- Sólo por respeto, no quisiera ser grosera al hablarle siempre de tu cuando usted es mayor.
- Si, es verdad, soy mucho mayor que tú y no deberías tutearme. - Su semblante cambia a uno más serio y algo dentro de mí me pide estirar la mano y tocar su hermoso rostro, pero no lo puedo hacer, no quiero que crea que soy una fresca.
- Si eso es todo, entonces... - Digo yo.
- Buenas noches, Dalia.
Se voltea y yo necesito respirar pero vuelve a girar y toma mi nuca acercándome a él mientras posa sus labios en mi frente.
- ¿Un beso de buenas noches a la niñita?
Se está burlando de mí pero no tiene idea de que ese sencillo gesto marcaría mi vida para siempre.