|Frieda Hartmann| Parezco una muñeca andante, movida solo cuando resulta necesario. Observo con recelo la ropa que han dejado sobre la cama. Ese hombre está tan enfermo que incluso conoce mi talla. Apenas dormí unas horas y, al despertar, el clóset ya estaba repleto de vestidos y conjuntos idénticos a los que solía usar en casa. Hay calzado de todo tipo, accesorios femeninos, absolutamente todo lo que podría necesitar. No falta nada. Pero lo que más me desconcierta —lo que jamás imaginé— es que llenó la estantería de mi habitación con libros y novelas de mis autores favoritos. ¿Cómo supo que me apasiona ese tipo de lectura? Probablemente por aquella vez que recogió mi libro junto a la piscina. Cada detalle sobre mí parece haberlo memorizado. Y eso da miedo. Es como si intentara crear u

