CAPÍTULO TREINTA Y DOS

1584 Palabras

CAPÍTULO TREINTA Y DOS Era la primera vez que había preparado pesto desde la nada y a Kate no le importaba proclamar que estaba divina. La sirvió de la olla en un cuenco de cerámica que colocó sobre la mesa junto a la ensalada. Toda la casa olía a ziti horneado y pan de ajo. Su puerta trasera se abrió, mientras la puerta mosquitero dejaba entrar la brisa. Al pararse ante la mesa, asegurándose de no haber olvidado nada, la brisa que había entrado la congeló por un momento. Estoy feliz aquí también, pensó. Sonrió y fue hasta el soporte donde descansaban los vinos, en la cocina. De allí Sacó una botella de blanco y otra de tinto. Las colocó sobre la mesa justo cuando alguien tocaba a la puerta. —¡ Pasa! —exclamó. La puerta principal se abrió y Allen entró. Cargaba una pequeña bolsa de pl

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