*PIERRE* Ella dudó un momento antes de tomar mi mano. Su tacto era delicado, y sentí una pequeña corriente de electricidad al contacto. Nos sentamos y comencé a hablarle sobre el lugar, tratando de hacerla sentir más cómoda. Le hablé de las maravillas que podía explorar, de la libertad que tenía para ser quien quisiera ser en ese lugar, sin juicios ni restricciones. Poco a poco, vi cómo sus nervios se disipaban y su curiosidad crecía. Le preparé el martini y se lo entregué. Ella tomó un sorbo y me miró directamente a los ojos. En ese momento, sentí que algo había cambiado. La conexión entre nosotros se había hecho más fuerte, y su temor inicial se estaba transformando en una fascinación por lo desconocido. Pasamos la noche hablando, explorando nuestras ideas y deseos. Camille era una mu

