Finalmente, se desahoga. Se queda sin palabras y allí sentada, agotada y vacía. Le duelen los ojos. Le duele la cabeza. Le duele todo. —Deberías dormir —dice Federico finalmente—. Pareces estar muerto de cansancio. —No puedo… —empieza Clarissa, pero él la interrumpe. —Puedes quedarte aquí hasta que Eduardo regrese. O puedo llamarte cuando aparezca, si quieres ir a otro sitio. —Hace una pausa—. Pero primero necesitas dormir. No podrás lidiar con él así. Tiene razón. Ella sabe que tiene razón. Pero... —No puedo volver a casa —admite en voz baja—. Mis padres me harían demasiadas preguntas. Querrían saber por qué he vuelto, por qué estoy tan molesta, y no puedo... no puedo explicárselo ahora mismo. Federico asiente como si esperara eso. —Y no puedo dormir en la cama de Eduardo. —Se le q

