—Regresan a la sala y Tania sugiere jugar a las cartas. Juegan unas cuantas rondas, y la conversación continúa, ahora más ligera. La tarde se siente agradable. Normal. Pero Clarissa puede percibir la tensión entre Sebastián y Federico. La forma en que se tratan con tanta cortesía, la forma en que Sebastián la observa con esa expresión preocupada. Es frustrante. ¿Por qué no puede confiar en su criterio? Ella no es una niña. Ella sabe lo que hace. Alrededor de las diez, Sebastián y Tania comienzan a recoger sus cosas. —Estuvo muy bien —dice Tania, abrazando a Clarissa en la puerta—. Deberíamos repetirlo antes de irnos. —Definitivamente —asiente Clarissa. Sebastián la lleva a un lado mientras Federico y Tania se despiden. —Sabes que puedes llamarme si necesitas algo, ¿verdad? —su voz

