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Mi esposo me presenta como su ama de llaves

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Descripción

Tres años después de casarse, Renata Anderson recibió un acuerdo de divorcio.

Liam Lancaster, el hombre con quien había contraído un matrimonio arreglado, nunca la había amado. Para él, ella solo era una obligación impuesta por su familia, una esposa a la que mantenía oculta del mundo mientras presumía públicamente a sus amantes.

Pero nada hirió más a Renata que aquella noche en que él llevó a otra mujer a casa y, sin siquiera pestañear, la presentó como una simple ama de llaves.

Humillada y con el corazón roto, Renata decidió seguir luchando por su matrimonio. Sin embargo, cuanto más intentaba acercarse a Liam, más cruel se volvía él.

Hasta que un accidente la llevó al borde de la muerte y una verdad comenzó a cambiarlo todo.

Cuando el hombre que siempre la rechazó descubra que está perdiendo a la única mujer que realmente lo amó, quizás ya sea demasiado tarde.

Porque algunas personas solo aprenden el valor del amor… cuando están a punto de perderlo para siempre.

Él la despreció. La humilló. La hizo llorar.

Y cuando finalmente ella dejó de amarlo… fue él quien cayó de rodillas suplicando una segunda oportunidad.

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Capítulo 1
Renata Anderson estaba imprimiendo un documento en la zona de papelería cuando recibió una llamada de Liam Lancaster. El teléfono vibró dentro de su bolso. Renata lo sacó y observó el número desconocido, aunque extrañamente familiar, que aparecía en la pantalla. Los nervios la invadieron de inmediato, haciéndole sudar las manos. La pantalla parpadeó mientras el dispositivo seguía vibrando. El identificador de llamadas mostraba una sola palabra: —Esposo. Al instante, Renata olvidó por completo los documentos que estaba imprimiendo. Salió de la oficina y respondió la llamada. —¿Hola? Apretó el teléfono con fuerza mientras su corazón comenzaba a acelerarse. Sin embargo, su voz sonó tranquila. Solo ella sabía lo nerviosa que estaba. —¿Dónde estás? La voz serena que llegó desde el otro lado de la línea pertenecía a Liam. —Estoy en mi oficina —respondió Renata. —Bien. Ven al piso trece ahora. Te estaré esperando allí. Dentro del ascensor, Renata observó cómo los números del panel aumentaban uno tras otro, aunque su mente estaba en otra parte. Su marido, Liam, era el presidente de la corporación. Sin embargo, nadie en la empresa sabía que estaban casados. Todos en la Corporación Lancaster creían que Liam era soltero. Ninguno imaginaba que tenía una esposa, y mucho menos que ella trabajaba allí. El matrimonio de Renata había sido arreglado. Antes de la boda eran completos desconocidos. Incluso ahora, todavía recordaba con claridad lo que Liam le había dicho la noche de su boda: —Tenemos que mantener nuestro matrimonio en secreto. En casa seremos marido y mujer, pero fuera seguiremos fingiendo que somos extraños. Alcott Lancaster, el padre de Liam, le había conseguido un puesto en la Corporación Lancaster. Esperaba crear oportunidades para que ambos se conocieran mejor. Lo que no sabía era que su plan había fracasado por completo. Incluso en el trabajo, Renata y Liam se comportaban como dos desconocidos. El ascensor se detuvo en el piso trece. Cuando las puertas se abrieron, Renata se acomodó la ropa y miró a su alrededor para asegurarse de que nadie estuviera observándola. Solo entonces caminó hasta la oficina de Liam y llamó a la puerta. —Adelante. Era aquella voz fría y familiar. Renata abrió la puerta y entró. Se trataba del salón privado de Liam, un espacio que parecía un pequeño estudio. Había un refrigerador, un televisor y una cómoda zona de descanso. Liam estaba sentado en uno de los sofás con un cigarrillo entre los labios. Al verla entrar, apagó la colilla en el cenicero. Renata caminó hacia él mientras observaba la marcada línea de su mandíbula. Desde donde estaba, no podía ver su rostro por completo. —Siéntate —dijo Liam, señalando el sofá frente a él. Cuando tomó asiento, Renata notó un documento sobre la mesa. Liam lo empujó hacia ella. Sin embargo, antes de fijarse en el papel, su atención se desvió hacia los dedos de él: largos, delgados y fuertes. Incluso sus manos desprendían una masculinidad difícil de ignorar. —Fírmalo. Solo entonces Renata bajó la mirada al documento. Su expresión se congeló. Era un acuerdo de divorcio. La decepción la golpeó con fuerza, pero no permitió que se reflejara en su rostro. Su aparente calma hizo que Liam pensara que el asunto no le afectaba. De hecho, él había esperado que reaccionara con rabia ante su petición. ¿Un acuerdo de divorcio? ¿Liam quiere divorciarse? Solo habían pasado tres años desde su boda, y aquella era la primera vez que Liam la citaba en su salón privado. Sin embargo, no lo había hecho para acercarse a ella, sino para poner fin a su matrimonio. Renata no sabía si debía sentirse triste, enfadada o incluso aliviada por aquel cambio tan repentino en su situación. Sus padres la habían educado para actuar con racionalidad, así que no podía perder los estribos ni ponerse a gritar. Sus padres eran profesores. Desde pequeña le habían enseñado a ser una mujer tranquila, elegante y razonable; alguien que resolvía los problemas con la cabeza fría, no con berrinches. Aun así, la decepción seguía creciendo dentro de ella. Levantó la vista y miró directamente a Liam. —¿Por qué? —preguntó con calma. Liam no vaciló. —Quiero el divorcio. ¿Quiere el divorcio? Entonces, ¿debería simplemente firmar el acuerdo porque él lo dice y poner fin a tres años de matrimonio? Mientras esa idea cruzaba por su mente, una oleada de ira comenzó a crecer en su interior. Sin embargo, Renata no mostró su ira, su insatisfacción ni su vulnerabilidad frente a Liam. Le devolvió el documento y, con voz firme, dijo palabra por palabra: —No estoy de acuerdo. Liam volvió a mirar el acuerdo de divorcio. Renata alcanzó a notar la enorme cantidad escrita en el cheque adjunto. —El divorcio es lo mejor para ambos. ¿Cree que soy una mujer interesada en el dinero y que me niego a divorciarme porque quiero más? pensó Renata. Esbozó una suave sonrisa y respondió: —Señor Lancaster, no voy a aceptar su solicitud de divorcio. Que usted no quiera aceptar este matrimonio no es decisión mía, presidente. Si no tiene nada más que decir, por favor, discúlpeme. Acto seguido, se levantó y abandonó la habitación sin dudarlo. La sonrisa desapareció de su rostro en cuanto salió del salón privado. Su teléfono volvió a vibrar. Esta vez era su madre, Eleanor Anderson. —Mamá —contestó Renata con una sonrisa forzada. Gracias a ello, Eleanor no notó la tristeza y la decepción que ocultaba su hija. —Renata, se supone que hoy vendrás a casa con Liam. ¿A qué hora llegarán? —preguntó Eleanor alegremente. Mamá, ¿sabes que tu yerno acaba de pedirme el divorcio?, pensó Renata con amargura. —Mamá, Liam tiene que reunirse con un cliente importante hoy. Puede que no pueda venir conmigo. Yo... volveré sola a casa. Eleanor sonó decepcionada. —Tu padre quería tener una charla de hombre a hombre con Liam. Pero está bien, el trabajo es importante. Renata, asegúrate de recordarle que cuide su salud. —De acuerdo. Renata respondió obedientemente. Después escuchó a su madre hablarle de asuntos cotidianos y darle algunos consejos. Solo cuando la conversación terminó colgó el teléfono. Por primera vez, Renata comprendió que mentir podía ser difícil y doloroso. Al mediodía, tomó un taxi y regresó a la casa de sus padres. Eleanor estaba en la cocina preparando la cena, mientras Mason Anderson, el padre de Renata, conversaba con ella en la sala. Inevitablemente, el tema terminó siendo Liam. Su matrimonio había sido arreglado cuando ellos apenas se conocían. Años atrás, durante la guerra, Mason le había salvado la vida a Alcott Lancaster, el padre de Liam. En agradecimiento, Alcott prometió que, cuando crecieran, sus hijos se casarían. Fue así como se concertó el matrimonio entre Renata y Liam. Mason deseaba que su hija tuviera la oportunidad de acercarse más a su esposo. Sin embargo, no tenía idea de que quizá ya era demasiado tarde para eso. Poco después, Mason fue a ayudar a su esposa en la cocina, mientras Renata permanecía sentada en el sofá viendo la televisión. De pronto, una noticia llamó su atención. En la pantalla apareció la fotografía de una mujer sonriendo tímidamente mientras un hombre rodeaba su cintura con el brazo. Parecían una pareja enamorada. Él la protegía como un caballero dispuesto a defenderla de todo. Si hubiera sido cualquier otra pareja, Renata habría pensado que se veían adorables. Pero el hombre de la fotografía era Liam. —El señor Lancaster protege a su nueva novia en público. Ese era el titular de la noticia. Renata reconoció inmediatamente a la mujer. Era una actriz que había alcanzado la fama recientemente. La entrevista de la celebridad sonaba de fondo. —Bueno, Liam fue la principal razón por la que conseguí este papel. No habría podido interpretar tan bien a mi personaje sin su apoyo y motivación... Renata apagó el televisor. Se quedó mirando la pantalla negra, aturdida mientras se llevaba la mano a su pecho tocando la cicatriz. Por supuesto, pensó con amargura. El señor Lancaster puede convertir a cualquiera en una estrella si así lo desea. Tiene los recursos y la influencia para hacerlo. Esa noche, después de visitar a sus padres, regresó temprano a casa para preparar la cena de Liam. Cocinó uno de sus platillos favoritos. Al contemplar el plato caliente y aromático, sonrió satisfecha. Aunque Liam había pedido el divorcio, ella seguía creyendo que podía cambiar su opinión si lograba ganarse su corazón. Tal vez entonces dejaría de insistir en separarse. Renata se había esforzado al máximo por convertirse en una buena esposa. Antes de casarse no sabía cocinar. Sin embargo, había trabajado como ayudante en un restaurante para aprender. Fue una experiencia completamente nueva para ella. Después de quemarse y cortarse las manos en varias ocasiones, finalmente consiguió dominar lo básico. Desde la boda, preparaba cada noche distintos platillos para Liam. Las horas pasaron lentamente. Ya era tarde, pero Liam seguía sin regresar. Poco a poco, la preocupación comenzó a apoderarse de Renata. Al mirar la hora y comprobar que ya eran las nueve de la noche, Renata se quitó el delantal y salió de la cocina. Liam solía regresar a casa alrededor de esa hora, por lo que le extrañaba que aún no hubiera llegado. Justo cuando estaba a punto de abrir la puerta para salir a buscarlo, escuchó el sonido de una llave girando en la cerradura. Antes de que pudiera reaccionar, la puerta se abrió. La sonrisa que había aparecido en su rostro se congeló de inmediato. Liam estaba allí. Pero no estaba solo. Una mujer permanecía a su lado. Renata entrecerró los ojos y la reconoció enseguida. Era la misma mujer que había visto en las noticias mientras estaba en casa de sus padres. Aunque la iluminación del pasillo era tenue, no tuvo dificultades para identificarla. Era Bella Pacotto, la actriz que recientemente había alcanzado la fama.

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