Tras las últimas palabras intercambiadas entre ellos, Alissa y Nikola volvieron a entregarse el uno al otro, dejando que la pasión los consumiera hasta altas horas de la madrugada. En la mesa del comedor de la mañana siguiente, Edward el padre de Nikola, desayunaba en soledad, aunque más que comer, parecía esperar con impaciencia. Apenas Leandro su jefe de seguridad, entró en la habitación con paso decidido, el patriarca alzó la vista, sin perder un segundo. —¿Por qué no me informaste que la chamana fue convocada anoche? —preguntó, con la voz cargada de autoridad. Leandro permaneció imperturbable, como si ya esperara aquella confrontación. Su rostro no mostró sorpresa, tan solo la profesional serenidad que lo caracterizaba. —Lo siento, señor, pero fue una petición expresa de su hij

