XVII

1643 Palabras

XVIIMuy atareadas estaban la marquesa viuda de Andrade y su doncella en revisar mundos, sacos y maletillas, operación necesaria cuando se va a emprender un viaje. Y mire usted que parece cosa del mismo enemigo. Siempre en los últimos momentos han de faltar las llaves de los baúles. Por mucho que uno las coloque en sitio determinado, diciendo para sí: «En este cajón se queda la llavecita; no olvidar que aquí la puse; le ato un estambre colorado, para acordarme mejor; no sea que el día de la marcha salgamos con que se ha obscurecido», viene el instante crítico, la busca uno, y... ¡echarle un galgo! Nada, no parece: venga el cerrajero, tiznado, sucio, preguntón, insufrible; haga una nueva, y lléveselo todo la trampa. Nerviosa y displicente, daba Asís a la Ángela estas quejas. El ajetreo del

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