Capítulo 38

1193 Palabras
XXXVIII —No voy más allá del comedor, no recordaba ese cuarto. Se acercó hasta Dan e intentó sonreírle. Luego caminó un poco más adentro y vio la habitación, pequeña y alfombrada, también las maletas de Dan y su laptop. Bajó la cabeza, apenado por haber desconfiado de su amante. —Creíste que me había ido... —Y que me habías dejado el desayuno de despedida preparado... Dan se echó a reír con lo dicho por su amante. Con eso, la tensión del momento disminuyó bastante y le dio tiempo al profesor de Ballet para relajarse un poco más. Dan calentó el desayuno y ambos comieron un tanto silenciosos en el comedor, viendo los pedazos de la silla por doquier. No sabía qué decir, creía que el mencionar la conversación de la noche anterior no era lo más prudente, preguntarle cómo se sentía también estaba de más. Así que fingiendo que no veía los destrozos, se aventuró a hablar. —Ya que tienes esa habitación, deberías guardar ahí todas esas cajas... darían más espacio a tu sala. —No, no guardaré nada en esa habitación. Tengo un clóset gigante en la entrada, ahí las pondré para que no te molesten —respondió Alex muy serio llevando luego un sorbo de jugo de naranja a su garganta. —Alexandro, desperdicias un excelente espacio, es pequeño, cierto, sin embargo, está perfecto para almacenar. Y no me molestan las cajas, no digas eso, por favor. —No pondré nada en esa habitación, ahora será tu estudio. Dan no entendió las palabras de su amante y lo miró curioso. —Yo tengo un estudio en mi departamento, no quiero ni por un segundo ocupar espacio acá, puedes aprovecharlo mucho mejor... —Dan... —intervino el rubio—. Creo que no me has entendido. De ahora en adelante, ese será tu estudio. —El profesor coreano estuvo pensativo unos segundos y de pronto abrió mucho los ojos y la boca, aquello parecía la invitación a irse a vivir juntos—. Parece que ya lo has comprendido. El sorprendido hombre no supo qué decir por mucho rato, y mientras salía de su estupor, el otro terminó el delicioso desayuno que le había preparado. Hablaron un poco después del tema, el profesor de Ballet iba por las ramas para no hacer del asunto algo romántico y cliché, rogando internamente para que Dan lo entendiera de una vez por todas: Alexandro ya no deseaba que se separaran nunca. Dan daba vueltas al asunto, pero empezó lentamente a planear todo, tenía muchas cosas en su departamento que tal vez no cupieran en el de Alex y no quería dejarlo así que se le ocurrió que Fito fuera a vivir ahí, así seguiría teniendo un espacio con su amigo y no movería sino lo estrictamente necesario a casa de su hombre de ojos de mar. Alexandro escuchaba y escuchaba como su amante acomodaba las cosas mentalmente y le gustaba todo lo que su cabeza planeaba. Pero más que eso, adoraba la idea de no estar solo, de acostarse al lado de alguien y así levantarse. No se negó que estaba muy asustado con la propuesta que le hizo, pese a eso, no quería seguir esperando, ya tenían ambos la edad suficiente para ese tipo de decisiones. —Solo dame un momento, ¿te parece?, Quiero saber qué opina Fito... —¿Tienes que consultarle todos los asuntos de tu vida a ese hombre? —habló Alexandro muy molesto. —Es algo a lo que tendrás que acostumbrarte Alexandro, el paquete completo incluye a Fito Dobargo, tómalo o déjalo. Terminó de decir eso y de nuevo se echó a reír. El otro apenas esbozó una mueca y le dijo que hiciera lo que quisiera. Aun así, escucharlo reír, le encantaba, le daba vida a ese lugar de fantasmas. —Por ahora voy a terminar el informe y el cronograma de mi clase para presentarlo a las directivas. Dan se levantó de la mesa y se acercó a su novio robándole un beso de los labios. Luego se perdió por un pasillo tras la cocina para seguir trabajando, así como si nada hubiera acabado de pasar. Alexandro Greco y Dan Choi en ese momento estaban caminando entre nubes, ninguno se creía lo que estaba sucediendo. El día anterior, Dan había entrado a ese lugar convencido que todo terminaría y ahora recibía una propuesta para vivir ahí. La noche anterior, Alex contaba toda su historia, dejaba su corazón expuesto, y ahora, como si no hubiera sufrido lo suficiente, le pedía a su amante que viviera con él. Era un momento de emociones explosivas que ninguno sabía muy bien cómo manejar. Se levantó de la mesa y se dirigió directo al cuartito. Dan estaba recostado junto al ventanal, tan o más preocupado que él mismo por todo el asunto, pero aun así extendió los brazos y ese hombre de ojos zafirinos se lanzó a ellos como su último salvavidas. Ya no podría haber miedos, ni dudas, ese tendría que ser un asunto de lanzarse al mar sin saber nadar, con la marea tan alta como para ahogarlos. Se abrazaron mucho tiempo, hasta que Alexandro decidió que sus manos estaban mejor bajo la camiseta de Dan. El muchacho de cabellos oscuros gimió un poco sin dejar de verlo, intentando adivinar qué se escondía tras esa mirada que había sufrido tanto. Las manos pálidas e inquietas empezaron a desnudarlo tan rápido como pudieron y con todas las ganas de mundo contenidas en ese instante. Dan se dejó hacer, dejó que su hombre lo acostara en el piso alfombrado de lo que ahora parecía ser su estudio, miró al techo pálido, sabiendo que ese lugar de ahora en adelante iba a ser su lugar con él. Los siguientes días corrieron entre la expectativa por la nueva vida juntos y el acomodarse a una rutina. Dobargo por poco se desmaya cuando se enteró de la decisión de su amigo y le recordó los mil riesgos de vivir con Alexandro. Dan logró convencerlo de que se mudara a su departamento, un poco más grande y donde pagaría menos renta. Fito apenas regresó de Italia, ayudó a llevar las cosas de Dan a la casa de Alex y se burló cuanto pudo de lo aburrido del lugar. Se soportaron apenas por el de cabellos negros, quien veía todo con mucha gracia. Ya faltando poco para que retornaran a sus labores en la Universidad, Dan le entregó a su amante ese detalle que le traía de Corea. Era un pequeño cuadro de vidrio, que dentro tenía una flor. Era una «mugunghwa», atrapada en un vidrio. El profesor de Historia le dijo que aquella era la flor nacional de Corea del sur, y que la había mandado enmarcar en vidrio solo para él. Amaba su significado: Flor eterna que jamás se marchitaría. Así debía ser el amor que ellos se tuvieran. Alex recibió esa preciosidad violeta enmarcada en vidrio, agradecido por aquel regalo que ahora tomaba ese matiz tan importante en su relación. No pudo evitar besarlo, exhalarlo mil veces. Su amor, su niño de ojos de avellanas. *** Fin capítulo 38
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