XXXIX
Llegaron los primeros días de la Universidad, sin embargo, ese viernes en particular solo asistirían los docentes y algunos alumnos que necesitaban arreglar su carga académica o que hacían tardíamente su inscripción. Las clases oficiales empezarían en dos días más. Ese era el momento para dar la bienvenida a los nuevos maestros, tratar los temas de cada facultad y escuchar a los correspondientes Decanos sobre sus peticiones para las mejoras de las carreras, casi todas estas eran económicas y se hacían a la junta directiva, en pocas palabras un día muy aburrido.
—Y bueno, Alexandro, ¿cómo te va en tu vida de casado? ¿Es buen esposo el profesor Choi? —preguntó entre risas Chris, mientras hacían la fila para comprar el almuerzo, que ese día, por fortuna, estaba muy corta.
—¿Podrías hablar más bajo, estúpido? Estamos bien, gracias, no hagas burla del asunto, por favor.
—Ah, Alexandro, no sé ni qué te pasó para que terminaras así de enamorado de ese hombre, pero en serio te deseo lo mejor. Sabes que cuentas conmigo, sabes también que tendrás que ocultar esa relación muy bien.
—Gracias, Chris, lo sé, y también sé que debo aparentar otra cosa... no obstante, por ahora no quiero pensar más en eso.
Los amigos se sentaron a comer, Alexandro teniendo que soportar el interrogatorio de su colega. Poco después, Dan entró a la cafetería, tomó una bandeja y empezó a hacer su fila. Alexandro le vio de lejos y sonrió.
Dan decidió adelantarse un poco mientras Fito iba al baño. La cafetería estaba algo vacía, cosa que lo complació, sería de las pocas veces que comería sin prisa. Iba ya casi a llegar a la caja registradora, tenía su bandeja en las manos, cuando escuchó que alguien lo llamaba por su nombre.
—Dan...
A unos dos metros estaba de pie un hombre, quizás de su edad, que lo miraba esperando que respondiera, pero el profesor de Historia no lo hizo, no pudo, pues empezó a temblar sin control y soltó la bandeja de su comida como si solo se hubiera resbalado de sus manos, haciendo un estruendo tremendo. Eso, por supuesto, llamó la atención de todos.
Pero aquello no fue lo peor. Dan, horrorizado, empezó a gritar llamando a Fito incesantemente. Su respiración se transformó en fuertes suspiros y empezó a sudar frío, todo sin control y todo en menos de un minuto. Alexandro se levantó de la mesa e iba a ir corriendo hacia él para saber qué le pasaba, a pesar de que ya varios alumnos intentaban calmarlo. Chris no lo dejó ir hasta allá, eso podría levantar sospechas.
La situación de Dan empeoró porque, mientras los chicos gritaban pidiendo una ambulancia, una camilla y un vaso de agua, Dan se inclinó en cuclillas, se tapó las orejas y de nuevo empezó a gritar llamando a su amigo, quien por fortuna llegó alertado por sus alumnos. Fito no sabía qué pasaba y aun cuando ya estaba al lado de Dan, este no dejaba de gritar su nombre.
Lo único que hizo el profesor de Matemáticas fue tomar su propio gabán y cubrirlo para aislarlo totalmente de la luz. Cuando lo abrazó, el de cabellos de noche temblaba sin cesar llamándolo, a pesar de que Fito le decía que era él quien estaba ahí. Todos estaban angustiados, la escena era desesperada, Dan literalmente estaba sufriendo un ataque de pánico.
El hombre que inició todo aquello no había dado un solo paso, y estaba tan impactado como todos con lo que sucedía. Había desespero en su rostro, aun así, por alguna razón, no se acercaba más. Alexandro también tenía que ver la angustiosa escena desde lejos, sintiéndose un inútil total. Por fin llegó una camilla de la enfermería de la universidad y con gran dificultad, Dan se subió en ella sin soltar por un segundo la mano de Fito. Se lo llevaron por un ascensor y solo en ese momento Alexandro se acercó, quedando casi al lado de ese desconocido, y escuchó de él que en susurros pronunciaba el nombre de Dan. Luego el extraño salió de ahí, muy seguramente para ir a la enfermería.
—¿Sabes quién es ese tipo? Parecía conocer a Dan... —preguntó Alexandro a su amigo, quien también se acercó un poco.
—Es el nuevo profesor de Historia del arte, creo que su apellido es Liberman. Lo conocí, recién llegó, no imagino de dónde podría conocer a Dan; mejor ve a la enfermería y averigua qué le pasó.
Alexandro Greco hizo caso a su amigo y salió rumbo a la enfermería, así como lo hizo el nuevo profesor. Solo que el de cabellos de sol no tenía idea que ese hombre que salió antes que él, era el mismo al que Dan había amado más que a su vida, el que le había quebrado el corazón y por quien el profesor de Historia había casi huido de Estados Unidos. Liberman, era el ex amante más amado de Dan Choi. Los días de paz parecían haber llegado a su fin.
Fito veía como acababan de estabilizar a su amigo en la enfermería de la Universidad, mientras pensaba e intentaba entender qué pudo haberle pasado como para tener semejante ataque de pánico. Creyó que Greco le había dicho o hecho algo, o que quizás de alguna manera se había descubierto lo de Suni. Estaba angustiado, Dan se veía muy mal y solo el tranquilizante que una amable enfermera le inyectó pareció hacerle efecto, su respiración se normalizó y la taquicardia se había detenido.
—Por ahora es solo cuestión de descanso, aunque sí debería ir con un médico especialista, acá no es mucho lo que podemos hacer —dijo la amable mujer en un muy torpe inglés, pero fue suficiente para que Fito entendiera. La enfermera se fue y los dejó solos, mientras Dan, que parecía soñoliento, le miraba con una sonrisa.
—Dan, qué demonios fue lo que pasó, casi me matas del susto y es en serio. —Hizo una pausa para acercar una silla y sentarse junto a la cama—. ¿Pasó algo con tu amante? ¿Te hizo algo?
—Para nada, Fito —respondió Dan en voz baja y pausada—. Pasó algo que... ni tú podrías creerme y que aun en este momento espero que sea mentira...
—Mira, Dan, cualquier cosa que me digas voy a creerla y solo porque parece que todas las cosas inauditas te suceden a ti. Así que dime, que pudo ser tan impactante como para que llegaras a este estado lamentable.
—Mi ex amante, el canadiense, está acá en esta Universidad.
Fito movió la cabeza y abrió los ojos en señal de total sorpresa y desconcierto. Así se quedó varios segundos hasta que miró a la ventana y luego volvió a mirar a Dan para intentar entender mejor esas palabras en su cabeza. «El canadiense» era como Dan siempre se refería a ese hombre que lo había roto de manera tan tremenda, y de quien no pensaba jamás poderse recuperar. Ese por el que muchas noches rodó sin destino, esperando la gentil muerte en las esquinas. El mismo por el que salió huyendo de Estados Unidos, para terminar en Rusia, lo más lejos que las directivas lo pudieron enviar.
Dan nunca pronunciaba su nombre, al parecer le dolía muchísimo en los labios. Fito miró a su amigo y en un rápido análisis de lógica, supuso que no era tan descabellado que ese hombre fuera a parar a Rusia. Después de todo, fue su colega, era fácil dar con su paradero y hacerse enviar al mismo sitio. El profesor de Matemáticas se llevó la mano a la frente y la friccionó un poco con sus dedos, como si con eso la idea le entrara más fácil.
—¿Estás seguro de que era ese canadiense? ¿No pudiste haberte confundido?
—Eso hubiera querido, pero era él, Fito, Jackson Liberman... está acá, y ahora todo se acabó...
Un par de lágrimas le rodaron por el rostro. Las limpió todo lo rápido que pudo y viró su cabeza para no ver a Dobargo.
—No entiendo a qué te refieres con eso que «todo acabó». Hasta donde yo tengo entendido, ese idiota te rompió el corazón. Tú saliste corriendo de Estados Unidos y terminaste acá. Todo está acabado desde hace casi dos años, así que no comprendo.
—Alexandro, a eso me refiero, en cuanto se entere, seguro va a terminar conmigo.
—Dan Choi, es increíble que le tengas tan poca fe a tu relación con Greco. Él ha hecho cosas que ni por mi imaginación pasaron, ¡incluso ahora vives con él! ... Espera... ¿Tú no le has hablado de ese hombre?
—La verdad no he tenido oportunidad de hacerlo...
—¡Ja! —espetó muy fuerte—. Me imagino que como no paran de cogerse, el tiempo es apenas para descansar, ¿me equivoco? —Dan rio, aún se encontraba algo aletargado, sin embargo, sabía que dejó pasar mucho tiempo para contarle su historia a su amante. —La verdad no sé cómo podrá tomarlo; si se entera en este instante, puede entrar en un ataque de ira y eso sería muy malo para todos. Hoy es viernes, las clases formales comienzan el lunes, yo creo que lo mejor será que esperes y le cuentes toda la historia este fin de semana, lejos del campus. Podrá tener tiempo de asimilarlo... Dios, no puedo ni imaginar cómo puede tomarlo, o su violenta reacción.
—No creo que me ame tanto como para que me haga algo malo a mí o a … Jack —exclamó Dan incorporándose y poniéndose sus lentes—. Seguro no querrá problemas y, termine...
—Cállate, Dan, y deja tu drama. Eres el casi esposo de ese hombre, por supuesto que le importa todo lo que te pase, es más, estoy seguro de que está allá afuera esperando que yo salga para poder entrar. Así que estupideces como esas de que quizás te deje, o que todo se acabó, están de más. Es un problema, no lo niego, pero tendrán que hablarlo, solucionarlo y aprender a convivir con eso. Además, no entiendo por qué tu preocupación; parece que no es solo por tu amante, ¿acaso sentiste «algo» cuando viste al tal Liberman? ¿Se removió algún sentimiento?
Dan lo miró con una sonrisa algo distante y le dijo que en lo único y en lo primero que pensó al ver a Jackson, y al escuchar su voz llamándolo, fue en Alexandro. Pensó que ya no lo vería, que ya no podría vivir con él, que todo ese mundo pequeño que empezaban a construir, que era solo de los dos, se venía abajo. No pensó en Liberman ni por un segundo, todo lo que tenía en su cabeza era a Alexandro Greco y la idea de perderlo le hizo entrar en pánico.
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Fin capítulo 39