LVII —Señor...—habló Dan con la voz temblorosa y apenas audible, pero definitivamente con su voz de hombre—. No voy a seguir con esto. Hoy mismo dejaré a Alexandro, y no hablo de ella, hablo de mí, de Dan Choi. Esto se salió de control y preferiría morir antes que Alexandro salga lastimado... —¿Por qué harías algo así? Yo ahora no te estoy juzgando. Me tomó mucho tiempo intentar entender tus motivos, y creo haber llegado a una conclusión. Muchacho, todos hemos tenido que fingir un poco en esta situación. »Se supone que soy un anciano moribundo, que ya no coordina una palabra con otra, y que perdió su memoria en algún rincón de esta casa. Tú finges, porque creíste que jamás tendrías una oportunidad real con mi hijo, pero siendo esa mujer qué él buscaba, quizás solo un beso sería suficien

