LVI Sabía que su cuerpo estaba tendido en piso, sabía que había caído, escuchó el golpe, pero aun así, no sentía que estuviera presente. Veía al techo tapizado de lujo y esplendor, creyendo que la enorme lámpara de inicios del siglo XIX le caería encima y terminaría con su sufrimiento. Sentía el aire fresco del balcón bailar sobre sus piernas descubiertas; apenas podía mover los ojos, el ataque de pánico era inminente. Los enormes y antiguos estantes repletos de libros que hubiera podido disfrutar, amenazaban, igual que la lámpara, con caerle encima, aunque estos estuvieran a metros de su humanidad paralizada. Vio de reojo unos pies en movimiento que se acercaban hacia él y dentro, muy dentro, se preguntaba dónde estaba Fito, por qué es que en esta ocasión no corrió en su ayuda, por qué

